Prostitutas políglotas

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Hay que ponerse al día, no queda más remedio si se quiere triunfar en esta puñetera vida que nos ha tocado circunvalar. En cualquier profesión u oficio, por supuesto. Saber idiomas, por ejemplo, es fundamental para andar por un mundo cada vez más intercomunicado y para relacionarse con la gente de otras latitudes. No se trata tanto de hablar lenguas foráneas sin acento, como se nos exigía de pequeños cuando íbamos a clase de inglés; ahora de lo que se trata es cuando menos y con criterio más pragmático,  de saber defenderse, entender y hacerse entender, en diferentes ámbitos pero sobre todo en el profesional.

 

Y para eso siempre se está a tiempo y siempre resulta oportuno. Ahí tenemos a las prostitutas de Minas Gerais, en Brasil, que ante la proximidad del Mundial de Fútbol del 2014 y la necesidad de atender a clientes de latitudes muy variadas, se han puesto a aprender inglés y francés. El español, al parecer ya lo chapurrean. Es un ejemplo de profesionalidad, porque entendiéndose con los consumidores de sus servicios íntimos van a poder darles una atención mejor, más acorde con los deseos de cada uno, que ya sabemos no son iguales en todos los casos. La iniciativa ha sido del sindicato que agrupa a unas cuatro mil profesionales del sexo a tocateja.

 

La idea cayó bien en el gremio y ya hay unas cuarenta meretrices matriculadas en el primer curso que se prolongará ocho meses. Luego se irán incorporando otras. Son cursos gratuitos y los profesores tienen el encargo de adecuar las enseñanzas y los ejercicios, incluido el tono susurrante de algunas expresiones,  a las exigencias con que van a tener que enfrentarse. En la cama, por muy improvisada y fugaz que sea la cita, suelen surgir discrepancias y diferencias de criterio lo cual vuelve muy complicado que profesionales y consumidores puedan entenderse. Compartir lengua, no sólo en ciertas especialidades físicas, además de mejorar las prestaciones suele generar mejores propinas y, tal vez lo más importante, evitar que surjan conflictos que en pelota picada siempre resultan más difíciles de solventar.