La industria de la música latina se frota las manos en La Habana

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Todo parece indicar que la polémica generada alrededor del concierto por la Paz de Juanes en La Habana dará paso a una retirada masiva de unos patrocinadores que, con tantas críticas y fogatas de camisas negras, se habrán pensado dos y tres veces, y hasta cuatro, el aparecer en carteles tras el escenario que se colocará en la mítica Plaza de la Revolución. Ni siquiera la marca Habana Club, que patrocinó la última gira de Juanes por España, estará presente. Tanto el cantante colombiano como Miguel Bosé lo saben y, por eso, ya han reconocido que tal vez sean sus propios bolsillos los que deban desembolsar el dinero que costará el evento, incluyendo el alquiler de los equipos o los viajes de los artistas a la Isla.

Y en medio de tantas complicaciones, todavía hay quien se frota las manos con este concierto. Un grupo en el que se encuadran profesionales como Fernán Martínez, manager de Juanes, o Jesús López, responsable de la filial latina de Universal que edita los discos del colombiano. Hombres conscientes de que quizá el evento que impulsa su protegido no alcance la significación política que algunos pretenden atribuirle, pero que saben que, en cambio, sus efectos sobre el negocio musical sí serían históricos. Y beneficiarán también a las compañías de discos, que acaban de incorporarse al ‘lobby antiembargo’ y, desde hace un par de años, se ha propuesto conseguir que Washington declare una excepción cultural, en un momento en el que las descargas gratuitas en Internet han dinamitado su modelo de negocio tradicional.

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