Escaquear al Fisco no es pecado

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Pagar impuestos, para qué vamos a engañarnos, no está de moda en estos años en que nos ha tocado vivir. Más que estar de moda tal vez lo que ocurre es que es incómodo para la cartera.  Exigirle al Estado, en cambio sí, es algo que no se pasa de actualidad. Pero aportar, por la vía que sea, molesta. Un habitual del taco, como un servidor que es muy poco mirado a la hora de expresarse,  dirá que pagar impuestos jode, tanto da que sea a través del IRPF, del IVA, del euro por receta o de cualquier otro invento que Cristóbal Montoro se saque de la manga para recaudar más. ¡Qué voracidad, tú!

Los políticos cuando se desgañitan en los mítines para conseguir gobernar siempre prometen que van a reducir los impuestos pero en cuanto alcanzan el poder y se sienten seguros en sus poltronas lo primero que hacen es aumentarlos. A lo más que llegan es a hacerlo subrepticiamente para que no nos enteremos y cabreemos  antes de tiempo. Por ahí afuera ocurre lo mismo, que nadie piense,  y ahí tenemos a Obama enfrentado a los republicanos o a Hollande, a la greña con los ricos franceses, mayormente con el borde Gérard Depardieu a quien Putin guarde muchos años.

Hasta la propia Reina viuda Fabiola, que siempre nos ha parecido una mujer incapaz de matar una mosca, parece que se está aprovechando de las argucias de las leyes fiscales belgas, que también se prestan,  para escaquear a su herencia de tributar al Fisco lo que debería tributar. Por su actitud lo que se deduce, es que, efectivamente, defraudar a las haciendas públicas, a los estados de todos,  puede llegar a ser delito pero no pecado, ni siquiera venial, y ese es un matiz que muchos con posibles no olvidan.