Güemes y el invierno

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Igual que la agencia estatal de meteorología avisó de que iban a llegar nevadas, y llegaron, en Moncloa parece que Rajoy ha decidido que fuera mamandurrias en Madrid porque el cielo estaba demasiado espeso. La primera en la frente le ha caído al “bello” Güemes que horas antes de dejar su puesto en el laboratorio defendía con entusiasmo lo contrario. Nada hay de oficial en esta tesis pero no sería de extrañar que detrás de la renuncia estuviera la mano del gallego que manda en el partido y al que hay cosas que le gustan poco; otro asunto es que se manifieste a menudo pero cuando algo no le parece oportuno lo dice y lo transmite a quién corresponda para que haga llegar el encargo.

Después de la “renuncia” Güemes se ha quedado más frío que un toro de Osborne en la carretera de Burgos y más abandonado que el último bolo que no termina de caer en una partida mientras ve cómo se tumban los que tiene a su alrededor. Haría bien con taparse un poco de las inclemencias salvo que tenga atada su vuelta a la política que no parece, aunque ahora tal y cómo está Madrid todos recelan de todos. Si Güemes renuncia a lo privado y habla de vocación de servicio público entonces sus palabras hacen temblar a consejeros y Ayuntamiento de Madrid, (Aguirre ha dicho esta mañana en Ana Rosa que Botella tiene que arreglar el roto del Madrid Arena. Da la impresión de que Aguirre nunca ficharía a Botella en su nuevo cometido de caza talentos). El Madrid popular en este momento es cualquier cosa menos una balsa de aceite. Güemes en el laboratorio era mucho más cómodo que haciendo declaraciones a cuántas alcachofas se le aproximen.

Si fuera cierto que Rajoy ha decidido tomar las riendas del rumbo madrileño de su partido podríamos asistir en los próximos días a cambios importantes de vocaciones inalterables, igual que Villanueva era el vice-Dios de la alcaldía hasta que una tarde le dijeron que cogiera la puerta y hasta luego Lucas. Ni siquiera pudo acogerse al eximente Dinio de la noche me confunde.

Da la impresión de que Rajoy no quiere líos, menos ahora cuándo los ruidos le llegan desde Cataluña, y pretende pacificar un partido regional que sigue teniendo una sólida base de votos y una buena implantación en la Comunidad como para perderlo por culpa de unas cuitas mal entendidas. De otra forma no se entiende que Güemes de un respingo cuándo ya se frotaba las manos con los beneficios. Esta vez el “¡que se jodan!” pronunciado por su mujer no ha surtido efecto, más bien todo lo contrario, ha sido una frase boomerang.