Festival en el ‘Circo de Rubalcaba’

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Los antiguos militantes y simpatizantes del PSOE no dan crédito a lo que ven, escuchan y leen en los últimos meses. Sienten que su partido avanza a toda velocidad hacia un destino cruel, con serias posibilidades de desaparición, incluidas. Y, un día sí y otro también sienten vergüenza ajena ante las extrañas decisiones que adopta Alfredo Pérez Rubalcaba, un líder deteriorado que se mueve por el ring como los boxeadores sonados.

Aunque eso no es lo peor. Lo peor, probablemente es que su oposición interna, aparentemente encabezada por Carmen Chacón, tampoco despierta demasiado entusiasmo. Menos aún ahora que uno y otro parecen enfrascados en una pelea de políticos profesionales que sólo aspiran a controlar la empresa. No a defender los postulados básicos de la socialdemocracia como la igualdad de oportunidades o la educación y la sanidad universales y gratuitas. Derechos adquiridos que están a punto de perderse sin que ninguna formación política aparezca ante los ciudadanos como el partido dispuesto a realizar una defensa a ultranza de ese estado del bienestar, que fue una conquista de toda la población española y que ahora se ve amenazado por la crisis y las decisiones políticas que se han adoptado últimamente.

Muchas de ellas, además, en la última etapa de Zapatero en el poder. Fue el último presidente socialista quien, obedeciendo los dictados de Berlín, puso en marcha los recortes. También fue él quien cambio la Constitución española para consagrar en la carta magna que los acreedores tienen más derechos que los ciudadanos. Dos disparos directos al corazón de su electorado que inhabilitan, de hecho, a cualquier político que formara parte de aquellos gobierno, como ocurre con Rubalcaba y Chacón, a convertirse en el catalizador del voto progresista que propicie la recuperación del partido.  

Y por si faltaban elementos para que los viejos simpatizantes del partido sigan convencidos de la necesidad urgente de una refundación completa del PSOE, esta misma semana, el culebrón del recurso contra el euro por receta en la Comunidad de Madrid, con un Tomás Gómez que sí quería y un Rubalcaba que no quería 'así' ha proporcionado otro poderoso motivo para reafirmarse a quienes están convencidos de que a los socialistas españoles les hace falta con urgencia un cambio completo de liderazgo que sitúe en los puestos de responsabilidad a militantes ahora desconocidos que 'entierren' a todas las cabezas visibles de la lamentable etapa anterior.

Pero ni Rubalcaba ni Chacón parecen estar dispuestos a dar un paso atrás y ayudar al partido a iniciar su recuperación. Más bien usan esa profesionalidad y esa gestión de los aparatos de la que hablábamos antes como si fueran dos ejecutivos de una compañía privada que luchan por asegurar tanto sus sueldos como los de los miembros de sus equipos. Lástima que no exista la posibilidad, dicen los militantes más críticos, de poder ofrecer un despido en condiciones a esos cuadros medios que se juegan literalmente el pan y que forman la principal línea de resistencia a los cambios inevitables y necesarios que tiene que afrontar el PSOE.

Pero, la verdad es que no existe y por eso, unos y otros, se aferran al cargo, y al líder que les asegura el cargo, y ven los resultados electorales como si fueran una cuenta de resultados, o los ránking de share de las cadenas de televisión. Todo lo demás que se le supone a un partido, un proyecto ideológico o una estrategia a largo plazo para llegar al poder y cambiar la sociedad ni aparece por ningún lado en el horizonte de una formación política que necesita con urgencia otro 'Suresnes'.