La reinvención de los sindicatos

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La larga crisis que padece la sociedad española pone a prueba a todas las instituciones en las que se había basado hasta ahora la estabilidad de la democracia en el país. Y los sindicatos no son una excepción. Más aún, ahora más que nunca, estas viejas organizaciones de clase se enfrentan al reto de reinventarse o desaparecer.

Las movilizaciones laborales de más éxito de público en los últimos meses, desde la marea verde a la blanca, pasando por las persistentes movilizaciones de los trabajadores de los transportes públicos, tienen una característica común: el hecho de que sean los colectivos de profesionales quienes encabecen y dirijan la resistencia. Unos movimientos, de momento fuertes, en los que los sindicatos aparecen desdibujados y diluidos. Casi como si no quisieran molestar.

Y, aunque algunos sindicalistas ‘venden’ esta desaparición de la zona de vanguardia como un movimiento estratégico de éxito, resulta imposible no entender que han tenido que abandonar el primer plano por el deterioro de su imagen. Una caída en picado que va más allá de la factura a pagar por unas organizaciones que han querido negociar y defender los intereses de los trabajadores desde la responsabilidad.

Hay mucho más que un simple desacuerdo en las fórmulas en la desafección que los trabajadores, los jóvenes y los menos jóvenes, sienten por estas viejas organizaciones. No se trata sólo de que hayan calado los mensajes de los políticos de la derecha neoliberal destinado a desacreditarles. Más aún, en los últimos tiempos esa misma derecha quisiera ‘rescatarles’ porque tampoco sabe qué hacer para frenar esos nuevos movimientos laborales que se salen del margen de lo establecido.

Los sindicatos se derrumban por las conexiones de muchos de sus dirigentes y cuadros medios con peligrosos ámbitos de poder y dinero de los que, incluso, han creído formar parte. También por la persistencia en mantener el poder de algunos dirigentes que gozan de inesperados privilegios, chófer, sueldos elevados, desde hace demasiado tiempo y que han perdido por completo el contacto con las bases a las que dicen representar.

No es un problema, ni mucho menos, de obsolescencia ideológica. No se trata tampoco de que nacieran para defender a los trabajadores de la sociedad industrial y ahora hayan perdido su razón de ser. Nunca como en este momento han sido necesarias unas organizaciones laborales fuertes y capaces para resistir la ofensiva de las élites financieras y sus políticos asociados. Pero, aún así, estos sindicatos actuales no sobrevivirán si siguen resistiéndose a realizar los cambios que la sociedad les exige.

Y, aunque no se lo único que tendrán que hacer, ni mucho menos,  podrían empezar por realizar una ‘operación limpieza’ que afectará a todas sus estructuras federales. De arriba abajo. Rápida, contundente, y en la que sufrieran ‘castigos ejemplares’ unos cuántos líderes que hace mucho tiempo que deberían haber sido ‘liquidados’, sin violencia, por supuesto, por sus propias organizaciones.

Queda poco tiempo. O lo hacen ya. O el paso atrás que han dado en las últimas movilizaciones será el camino que les lleve hacia la tumba. Como dijo aquel: ‘la suerte está echada…