El verano

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Hubo algún año en el que las redacciones se quedaban huérfanas los veranos y los redactores se podían marchar sabiendo que lo más importante que iba a pasar, durante el mes de agosto, es que un agricultor de Tomelloso conseguiría la calabaza más grande de España. Para llenar las “serpientes de verano” siempre venía bien algún incauto que había visto un monstruo en un pantano, o unos ovnis sobrevolando la feria de su pueblo. Y allí que estaba el becario para ampliar la información.
Hace tiempo que las noticias han cambiado, ahora también hay noticias calientes en verano. Los alumnos de Periodismo pueden ver aquí el reflejo del cambio climático en las noticias: ya no hay nada tibio como antes, de ahí que los políticos tengan que dejar las aceitunas del aperitivo para hacer unas duras declaraciones. Nada descansa en verano; ni hechos, ni protagonistas. Que se lo digan a Rajoy que estaba tan ricamente en Galicia cuando Arenas le obligó a dejar la piscina para echar azufre sobre el Gobierno. Y el Gobierno tampoco descansa porque Rubalcaba va a la piscina con corbata, por si acaso tiene que hacer unas declaraciones de última hora.

El verano de dominó y copita de anís se terminó hace mucho, quizá cuando los curas dejaron de ser una fuerza viva en los pueblos; ahora tenemos espías, terremotos, crímenes y zancadillas políticas. Ese verano de preguntarse qué día de la semana sería y mirar la fecha en la portada del periódico, pasó. Así de estresado está el pobre becario.