LOS PEORES EMPRESARIOS

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Predicar con el ejemplo no es el fuerte de los empresarios chinos, por lo menos de los empresarios chinos desparramados por el Tercer Mundo. Los principios sociales del régimen de Pekín, que sigue enarbolando la hoz y el martillo como símbolo, brillan por su ausencia cuando se trata de inversiones en el extranjero. En la olvidada Africa, China se ha convertido en el principal socio económico y comercial de unos países agobiados por la escasez de recursos y la necesidad de inversiones. Pero, de gratis y altruista, la contribución china no ofrece gran cosa, más bien cero patatero. Sabido es que nadie regala nada y los chinos distan mucho de ser una excepción. Los trabajadores nativos de las empresas chinas en el extranjero llevan mucho tiempo comprobando lo que vale un peine neocomunista: la dureza de capataces y jefes, su proclividad discriminatoria de los diferentes niveles del proletariado y la racanería con que establecen los salarios. En la mayor parte de los casos se aprovechan de la abundancia de mano de obra para pagar por debajo del salario mínimo. Igual que en las economías capitalistas con mayor proclividad a la explotación, pero con superiores niveles de impunidad. Y no sólo a la hora de fijar jornales, también cuando se establecen medidas de seguridad laboral, por ejemplo. Las empresas chinas en Africa pasan de minucias de esa naturaleza. Los sindicatos además no les gustan. La conclusión de un informe independiente en el que se analiza el comportamiento de las empresas chinas en diez países es que “están entre los peores empleadores del mundo”. Lo único que las salva es que los trabajadores chinos de a pie no usufructúan un trato preferencial. Muchos se muestran tan cabreados como los propios africanos por la desconsideración que sufren, lo mal que se les retribuye y el riesgo a que con frecuencia se les somete.

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