Juan Morano

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Morano pasa al grupo mixto del Senado por decir lo que piensa de los mineros, y eso es noticia acompañada de sanción por parte de su partido. Morano ha sido siempre un tipo bastante libre, en una ocasión estaba en la radio con Luis del Olmo y una señora le dijo: “¡por favor, no grite!”, y Juan Morano respondió: “¡señora, yo no grito, es mi tono de voz, es que soy de León”. Y es verdad porque Morano le ha puesto a todo en la vida una energía castellana que igual en estos tiempos desentona porque lo que se lleva es la obediencia a Soraya, o a Rubalcaba, y el callarse cuando indican.

Hubo un tiempo no tan lejano cuando Aznar se apoyó en dos alcaldes para salir adelante, uno lo era de Salamanca y el otro de León: Fernando Fernández de Trocóniz y Juan Morano. Es curioso pero ambos han dejado el PP por la puerta del hastío cuando tanto podrían aportar a su formación desde su visión crítica y veterana de la política. El pecado de Morano ha sido tener voz propia en el asunto de la crisis de los mineros e invitar al ministro Soria a la reflexión para que se eviten escenas dantescas de cargas policiales y para que unos mineros salgan de su encierro a cuatrocientos metros. Morano pedía que se les escuchara y al parecer han preferido enviarle a él a la mina donde los gritos no llegan a la superficie. Estas cosas siempre se hacen por el sentido ejemplarizante que tienen: el que se atreva a echar un pulso ya sabe lo que le aguarda.

No deja de ser una catástrofe que se deje morir a la minería por falta de ayudas en un país en el que todos los sectores se basan en ayudas. Sin duda que se podría haber evitado la marcha hacia Madrid, las barricadas, las cargas, el distanciamiento tan radical del PP con los problemas que tienen los mineros.

Morano se marcha porque entiende que el acta es de los ciudadanos y no de los políticos y seguirá siendo senador por León. Cuando la guerra de Irak le echó un par para decir en el banco azul que esto pasaba por la “puñetera guerra”. No recuerdo si lo espetó a Aznar, o quizá era a Rato que ahora tiene otras guerras en las que batallar. Siempre ha sido un tipo estupendo con un chorro de voz, (propia).

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