El amigo americano

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Estamos con el vacile del millonario de Las Vegas que viene a España a echar un ojo a unos terrenos. No sabemos todavía si va a instalar el gran Casino en Cataluña, o en Madrid, pero de momento la incertidumbre nos tiene de lo mas entretenidos. Al rico, a Adelson hay que reconocerle una capacidad de mirada de águila, allá donde los demás vemos un secarral el tipo es capaz de visualizar un negocio de prosperidad infinita con un hotel en el que cabe la provincia de Soria, (si fuera el caso). En Las Vegas tiene un complejo hotelero que simula los canales venecianos y con siete mil habitaciones. Adelson escucha cantar a la cigarra y esa emoción le lleva al sonido de las monedas cayendo en las máquinas tragaperras, (poesía del euro le llaman).

El amigo americano nos vacila con su incertidumbre, y mientras toma una decisión se deja convidar a pata negra con vino bueno porque tampoco le vamos a dar un tinto peleón a quien presume de crear tropemil puestos de trabajo. Tiene en contra a los ecologistas y a la Iglesia, unos porque ven peligrar a las avutardas y otros porque ven descarriar a sus ovejas. El obispo de Getafe, monseñor López de Andújar, alerta de la descomposición social que arrastra el juego que todo “lo corrompe”.

En realidad si somos justos los madrileños no irían a corromper su alma al casino, irían los guiris que tal vez tengan ya el alma echada a perder porque no profesan la religión verdadera. En cuanto al nivel de prostitución tampoco parece que vaya a ser más elevado del que tenemos ahora que ya es notable a juzgar por las páginas de contactos que compiten en volumen con las Páginas Amarillas. Seamos serios: el vicio no hace falta que lo importemos, ya tenemos aquí suficiente. No hemos escuchado a monseñor quejarse de los jubilados que pasan la tarde en el bingo jugándose la pensión.

De momento tenemos todos los inconvenientes de Adelson pero ninguna de sus ventajas y seguimos pagándole el jamón. Parece que hemos aprendido poco de la primera parte de “Bienvenido Mister Marshall” y que nos gusta tener a las fuerzas vivas a pie de cuneta para recibir con entusiasmo a los americanos que traen el progreso. Aguirre debería salir al balcón de la Puerta del Sol para decir: “¡como presidenta vuestra que soy os debo una explicación!”. Sería un momento memorable y un homenaje a nuestro cine que no pasa por su mejor época. Si sale mal el asunto entonces habrá bronca política porque no fuimos capaces de convencer a Adelson, pero el obispo de Getafe habrá logrado su propósito de evangelizar a las ovejas descarriadas a las que cantaba Sabina y que según él perdían la calma en las ventas sin alma, o en el casino de Torrelodones.

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