Guantanamera-Bankia

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La película cubana Guantanamera, dirigida por Tomás Gutiérrez Alea -el inolvidable Titón- y Juan Carlo Tabío, narra la historia de como el aparato burocrático del sistema castrista consigue convertir el traslado de un ataúd de un lado a otro de la isla se constituye en una aventura digna de los leones de Mompracen de Emilio Salgari.

La disparatada peripecia, contada en clave de esperpento al estilo de Valle Inclán, termina con la pérdida de un cadáver que, pese a los esfuerzos de sus allegados, no logra llegar a su destino para descansar en paz.

Algo parecido puede que suceda con Bankia, también en este caso por culpa de la incidencia de un ‘avatar’ político que impide a este cadáver financiero recibir una sepultura económica y social con la mínima dignidad exigible.

Uno de los problemas fundamentales es que, al final, nadie sabe exactamente lo que hay que enterrar y lo único que es seguro es que ese conglomerado conformado por siete cajas de ahorro y liderado por Caja Madrid y Bancaja tiene que recibir una sepultura conveniente y, mejor, más pronto que tarde.

Y en ese peregrinar del ataúd, los accionistas de Bankia que continúan manteniendo los títulos en cartera, algo que empieza a parecer insólito, ven depreciarse su inversión con una rapidez también inusitada. En seis sesiones el precio ha caído cerca de un 60% sin que, en otro acontecimiento singular, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) haya suspendido su cotización ni una sola vez.

Las proporciones del desmán son tan gigantesca que ya hay quien dice que esto es un remedo de la estrategia que siguió el gobierno de Cristina F. de Kirchner para hundir el precio de la acción de YPF durante la cruenta batalla que mantuvo contra Repsol.

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