Y ahora, a esperar las valoraciones independientes…

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Al final de este enredo en que se ha convertido la inacabable reforma financiera por capítulos que pretende arreglar los desperfectos de los bancos españoles, resulta que el paso previo imprescindible para abordarla con garantías en que haya unos ‘expertos independientes’ que valoren los daños.

Pero, lo cierto, es que ninguna autoridad competente, por lo menos hasta el momento, ha explicado en público a que tipo de institución, organismo o compañía se refieren quienes usan el concepto independiente en este caso.

Lo que sí parece cierto, sin embargo, es que el propio Gobierno no confía ni en los técnicos del Banco de España, ni en el gobernador del Banco de España, Miguel Angel Fernández Ordóñez. ¿Se fía mas, entonces, de los conglomerados empresariales que se mueven alrededor del negocio? De los auditores, la calificadores y el resto de la fauna cuyas actuaciones incluso en el caso de la propia Bankia son más que discutibles.

Y no desde ahora, ni desde 2008, cuando se desplomó Lehman. Desde mucho antes. ¿O es qué ya nadie se acuerda del caso Enron, por ejemplo. No ha pasado tanto tiempo, poco más de una década, como para que caiga en el olvido, aunque quizá sí que haya pasado lo suficiente para que resulte entre grotesco y dramático que ninguna autoridad mundial haya forzado a esta industria a abandonar de una vez por todas sus prácticas dudosas.

En fin, que va a ser difícil encontrar a alguien independiente para realizar el trabajo. A lo mejor conviene pensarse un poco más la estrategia porque lo que pasa es que, como han dicho desde Bruselas, la solución al problema de la banca tiene que tener un contenido sectorial, no puede hacerse sobre la base de entidades individuales, por mucho que se pretenda.

Y ahí es donde cobra una importancia significativa el futuro del Banco Financiero y de Ahorros (BFA), la matriz de Bankia. Lo mismo, ya que va a recibir una cuantiosísima inyección de dinero público como única posibilidad de afrontar con éxito su proceso de saneamiento, podría convertirse en una especie de centro de acogrida para esos grupos de cajas con problemas que todavía andan por ahí.