La fiebre de las monarquías

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El mundo se está llenando de nuevas monarquías, el sistema de Estado que de repente se ha puesto de moda. Hay quien dice que ha sido en Corea del Norte donde volvió a emerger la fórmula hereditaria que no hace mucho parecía irremisiblemente condenada a pasar a la Historia. En Corea del Norte, el comunismo más feroz que nos queda ya se prepara para entronizar al tercer heredero de la dinastía Kin. Pero el ejemplo ha cundido por el Tercer Mundo y se va extendiendo como una mancha de aceite. Ahora es el hijo de Omar Bongo, fallecido recientemente en Barcelona, quien se prepara para suceder a su correoso y nada humanitario padre el frente de los destinos de Gabón. Segura que lo conseguirá Sus aspiraciones, debidamente secundadas por los pelotilleros del Régimen, no sorprenden. Era de esperar siguiendo los ejemplos se multiplican por Africa y Asia, sin desdeñar los restantes continentes, como los hongos en la primavera. En Siria la cosa ya está implantada y en Libia o Egipto, está marchando. Para que luego hablen de la clarividencia de Faruk cuando pronosticaba que sólo los cuatro monarcas de la baraja garantizaban la supervivencia de la especie. El mundo se ha llenado de padres crueles pero amantísimos que desean dejar a sus seres queridos en la mejor posición. Y no sólo hijos, también viudos – como en Pakistán – o hermanos – como en Cuba – con ambiciones de cabalgar en el machito. En Argentina la propensión conyugal a transferir los cargos es antológica y quizás, no sé, pelín patológica. En India la dinastía de los Ghandi se está revelando inagotable; en Perú emerge una Fugimori dispuesta a asumir el salto generacional que ha dejado vació su padre, en Chile es un Frei el que desea heredar y repetir, y hasta en Guinea Ecuatorial nuestro Obiang particular, que ahora va a resultar que no es tan sátrapa – perdón – como nos decían, también contempla que sea su hijo el que se alce con la herencia y, como parte de ella, la Presidencia. Nada nuevo en un continente donde la gran aspiración es que el poder no abandone a la familia.

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