Biblias chinas

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Los chinos, que están en todo, han entrado con fuerza en el mercado mundial de la Biblia, sin duda alguna el libro más vendido y quizás citado de la Historia. No es que sean muy creyentes ni especialmente practicantes de las religiones cristianas los chinos, pero imprimiendo y comercializando biblias se están quedando solos en el mercado mundial.

Más de un millón de ejemplares editan cada mes en las modernas plantas de impresión que tienen en la ciudad de Nankin, convertida – lo leo en una revista francesa – en la capital mundial de las Sagradas Escrituras. Hacen biblias de todo tipo, populares algunas como procede en una república que se inventó el comunismo capitalista, pero la mayor parte son ejemplares de lujo, en buen papel y pastas duras, donde obviamente la hoz y el martillo destacan por su discreta ausencia. Si la impresión es buena y diligente, la comercialización de tan importante producto no se queda atrás. Los contenedores de tanta fe remansada viajan a los cinco continentes.

La mayor parte de los ejemplares están en inglés, francés y español, pero también las imprimen en otros setenta y dos idiomas, desde el esperanto, el swahili, el braile y, de momento no pero con el tiempo todo se andará, hasta en silbo gomero. Se ignora si el Vaticano, tan diligente siempre cuando hay dinero por el medio, tiene algún tipo de comisión, pero lo que si es evidente es que de momento no ha puesto ninguna objeción a tan próspera actividad en un país poblado de infieles y de fieles, pastores y obispos más dóciles a las órdenes de la autoridad marxista que a las propias encíclicas romanas.

Bien es verdad que en China al parecer es uno de los lugares donde las conversiones son más numerosas: alrededor de diez mil diarias, aunque como hay mil trescientos millones potenciales de catequizar, semejante cifra de bautismos casi ni se nota.