El género lamentable

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Decía ayer el presidente del Senado, Javier Rojo, que la bronca que había presenciado no beneficiaba a nadie porque era un “espectáculo lamentable”. Y no le falta razón. Hace años que la política dejó de ser un intercambio de pareceres para convertirse en el zoom de Valerio Lazarov: mucho movimiento para no ver luego nada claro.

Lamentable es que los políticos no asuman su responsabilidad nunca y que echen en la espalda de los demás aquello que les corresponde. Lamentable es que Belén Esteban tenga más predicamento que ellos, y en muchos casos mejores modales. Cámbiense trajes por eres fraudulentos y ya está servido el trueque del mercachifle. Chaves para no responder por la trama de corrupción en la Junta de Andalucía tira del repertorio del Gürtel, y en Valencia hacen lo mismo con los eres andaluces. A tal punto que Camps incluye a presuntos en sus listas y se lava las manos porque lo debe ver tan normal. Ambos, Chaves y Camps acuden a su pasado victorioso en las urnas para justificar lo que no tiene nombre. Haber ganado seis veces en Andalucía no legitima las posibles tropelías del hijo de Chaves, o lo que su padre pudiera saber de las jubilaciones fraudulentas. Igual que ser presidente de Valencia no exime a Camps de contar lo que sabe de la trama Correa y de sus presuntos pilles.

Lo lamentable se ha convertido en un género literario de gran aceptación entre la clase política. Lamentables se ven ellos, y lamentables los vemos en las encuestas del CIS.

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