Ollas arroceras

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Para algunos cronistas de la prensa internacional acreditados en La Habana que siguen durante estos días la información derivada del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) hay algunos misteriosos arcanos casi imposibles de descifrar. Son aquellos que pertenecen a lo que ciertos teóricos han concidido en llamar realismo mágico caribeño. Por ejemplo, el hecho de que en un cónclave tan trascendental como ese, uno de los temas de debate, y de los más seguidos por la población, sea la reparación de 77.000 ollas arroceras estropeadas. Ese tema era, además, uno de los principales en la edición de ayer de Granma.

Pero hay varios detalles que explicar al respecto que, quizá, puedan arrojar algo de luz sobre una peculiaridad que no es tan menor como pudiera parecer. Estos equipos de cocción, fabricados en China, fueron una apuesta personal de Fidel Castro que formó parte de su última cruzada antes de abandonar el poder: la de la eficiencia energética. Las ollas se entregaron a crédito a la población que se comprometió a pagar miles de plazos para conseguirlas. Pero salieron malas, como puede verse, y, los ciudadanos dejaron de pagarlas.

Un hecho de rebelión inédito en la historia de la Isla al que el partido, con o sin reformas, intenta poner coto. y, por encima del lenguaje vacío de las resoluciones y los discursos un verdadero síntoma de cambio perceptible por la población si el castrismo en metamorfosis consigue hacer funcionar los servicios técnicos. Gratuitos en este caso. Y públicos o privados. Da lo mismo. Pero el coste de la reparación lo debe pagar el garante, por supuesto.

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