Bruselas y un nuevo Alejandro Dumas

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A la Europa de hoy le falta un Alejandro Dumas pero le sobran personajes oscuros, pasillos, conspiraciones palaciegas, bellezas ocultas, duelos a pluma y a espada y cualquier otro ingrediente de los que sirvieron a tan ilustre escritor para hacer las delicias de múltiples generaciones de lectores con sus ‘Tres mosqueteros’. Cierto que entre Angela Merkel y Milady de Winter hay cierta distancia en la presunta apariencia física de la mujer con la flor de Lis y que quizá Nicolas Sarkozy no de exactamente la talla de un Rey Luis.

Pero ninguno de esos leves obstáculos puede impedir que haya materia para construir una buena ficción. O quizá bastase con un relato periodístico veraz en el que se cuente lo que pasa. No una de estas narraciones de gabinete de comunicación que se extienden, con su buena dosis de enfoque partidista, por los medios modernos o tradicionales. Hay demasiadas cosas que no encajan, por ejemplo, en el último episodio protagonizado por Portugal y que abarca la dimisión del primer ministro José Sócrates y su posterior decisión de claudicar y pedir ayuda a Bruselas.

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