El cardenal lo cuenta todo

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En la entrevista concedida por el cardenal de La Habana, Jaime Ortega, al CNS, el servicio de noticias en inglés de la Iglesia Católica, el prelado admite desde el primer momento que la liberación de los presos políticos no tiene apenas importancia en el interior de Cuba, donde la principal preocupación de los ciudadanos está relacionada con la dura situación económica en la que viven. Sin embargo, considera que este resultado de las negociaciones era un movimiento estratégico necesario para darle credibilidad al proceso del ‘diálogo entre cubanos’ desde el punto de vista de las relaciones internacionales. El obispo de La Habana revela también que sus primeras gestiones estuvieron encaminadas a lograr que EEUU acogiera a los presos políticos liberados. Sobre todo porque ese era el lugar al que querían viajar tanto los afectados como su entorno más próximo. Ortega justifica esta opción con dos datos relevantes, primero explica que la mayor parte de los afectados tienen familiares allí y después recuerda que de los dos millones de cubanos que residen en el exterior, algo más del 14% de la población total, 1,5 millones están instalados en el país estadounidense, una cifra que triplica a las 500.000 personas que se reparten por el resto del mundo. Sin embargo, ya desde los primeros contactos, que mantuvo con los funcionarios de la Oficina de Intereses que Washington mantiene en La Habana, quedó claro que La Casa Blanca quería mantener un perfil bajo en estos prolegómenos de la negociación y que no aceptaría la llegada masiva a su territorio de disidentes liberados. La diplomacia estadounidense, como posteriormente explicaría también a los familiares de los presos implicados, sólo estaba dispuesta a analizar cada caso individualmente. Fue entonces, cuando el prelado recurrió al ministro de Exteriores español, Miguel Angel Moratinos, para pedirle el favor de que Madrid acogiera a los disidentes excarcelados