Hortalizas en el pulmón

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Los pulmones son, acaba de descubrirse, un buen campo para el cultivo de las hortalizas. Ron Sveden, un pacífico jubileta norteamericano de Brewster (Massachussets) hacía tiempo que se sentía mal, le costaba respirar, tosía de una manera muy rara, aparecía muy desmejorado y los médicos no atinaban con el diagnóstico, hasta que la suerte, y un poco la casualidad también es cierto, descubrieron que don Ron lo que tenía no era una neumonía atípica ni un cáncer de mal augurio, era simplemente que su pulmón izquierdo se había convertido en una huerta: desde hacía semanas un guisante, se ve que mal cocinado para la ingesta, se había infiltrado hasta uno de los alveolos y al calorcito había empezado a germinar como en la mejor tierra. Varios centímetros había crecido ya la plantita y camino llevaba de que sus hojas emergiesen garganta arriba por narices y boca en busca del oxígeno exterior. Los médicos, todos ellos especializados en dolencias pulmonares, todavía no salen de su asombro. Estaban acostumbrados a ver pulmones convertidos en contenedores de nicotina, grisú y otras basuras, pero nunca se habían encontrado con unos pulmones transformados en terreno idóneo para los cultivos de huerta. A veces se han dado situaciones parecidas en oídos de niños que jugando se meten alubias o garbanzos por el orificio auditivo, pero en los pulmones jamás. El señor Sveden no ha podido recoger la cosecha ni comprobar por lo tanto la calidad y el sabor de los guisantes de sus entrañas. El bisturí ágil y oportuno del cirujano de guardia rescató la planta con mucho cuidado para no dañar los tejidos y la puso en un tiesto de plástico en el quirófano como muestra de lo que un cuerpo humano en actitud ecológica es capaz de albergar. Al fin y a la postre, el plantón de guisante era incómodo para su huertano pero menos dañino, mucho menos, que el humo de un cigarrillo.

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