Susan Boyle

El último juguete roto de la televisión se llama Susan Boyle, es británica y está de los nervios. La gente cree que es una persona excéntrica porque se ha pasado la vida cuidando de sus padres y cuando éstos murieron pasó a cuidar al gato. La gente en Inglaterra se ha reído de ella y al encumbrarla al estrellato la han lanzado al precipicio, lo han hecho los mismos que la llevaban en hombros.

La pobre Susan era tan de verdad que el personal no pudo resistir su ascenso porque mirando su caso se veían ellos mismos, ¿quién no tiene un punto de soledad y un gato al que no decir nada? Susan, la caída Susan, la que ahora está ingresada en un loquero, no es el prototipo que anunciaría bifidus en televisión. No es mujer de tanga y dientes perfectos, es una señora normal tirando a fea que tiene una voz de ángel de alas blancas. Y esa combinación de frescura, simpleza y fealdad, es lo que el público no ha conseguido tolerar. Exactamente igual que le pasó a Rosa “de España” que no consiguió despegar la sombra de su voz de un cuerpo enorme. A Rosa la convirtieron en la novia del muñeco Michelín antes de que grabara su primer e ignoto disco.

Así que Susan llegó a la final del concurso por méritos propios y ha desaparecido de la vida por méritos ajenos. Ahora en el taller de la mente se afanan en volver a darle alegría a su engranaje emocional pero ella y el gato saben que no volverá a ser lo mismo. La inocencia es un tarro de tapón irrellenable, sólo la mala conciencia de los que buscaron a un monstruo de feria puede justificar este daño. Pobre mujer.