Abuela estudiante

Aula universitaria
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La Cátedra del Adulto Mayor cada año confiere título universitario a quienes ya al final de la vidas, en vez de soñar con otras aspiraciones, anhelan poseer un título universitario. Más de un millón 700 000 estudiantes acaban de iniciar el curso escolar en Cuba donde, como en pocos países, las puertas de las Universidades están abiertas también a los abuelos. Así, en la Cátedra del Adulto Mayor, cada año confiere título universitario a quienes ya al final de la vidas, en vez de soñar con otras aspiraciones, anhelan poseer un título universitario que les prepara para una vejez feliz y mejor calidad de vida. Ello lo han obtenido hasta la fecha 40 000 cursantes.
 
Pero el caso de Ramona González es lo más cercano a terminar sus días con los pies bien aferrados al día a día y un dinerito en la bolsa. Con sus casi 70 años a cuestas también le ha dado por los libros, en especial un práctico y elemental diccionario español-inglés que posee la virtud de la pronunciación figurada.
 
Allí encuentra las formas y maneras de dar los buenos días, las buenas noches y puntualizar aspectos de la facturación o pormenores del desayuno a ofrecer a sus huéspedes en su casona de Centro Habana. Ella nunca pensó tener extraños bajo su techo, pero la débil pensión más la carestía de la vida le obligaron a tomar ese camino. Y, como sucede casi siempre, una sobrina le tira una mano.
 
Y esto del idioma no lo encuentra en la Cátedra,  que desde el 2014 su objetivo es potenciar la calidad de vida en la tercera edad. Allí los temas son otros: la vida y obra del Apóstol José Martí, desarrollo humano, prevención de enfermedades, historia local y otra que le causa gracia: sexualidad en el adulto mayor. ”Después de vieja, de haber tenido varios amores, verme de nuevo en estos avatares del amor y el sexo… es como para reírse”.
 
Un serio estudio académico arrojó que la cantidad de abuelos que padecen de enfermedades crónicas es mayor que el descrito para Cuba, que es de un 69,6%.
 
A Ramona no le preocupa el “alemán”. ”Si me visita el Alzheimer será para hospedarse en la mejor habitación, con muebles de caoba de los años 30s del siglo pasado”.
 
“Oye”, me dice, “como si tengo que aprender mandarín, aunque a decir verdad no me gustan mucho los chinos. Le alquilas a uno y al día siguiente son cuatros en la habitación… ¿Onderstán?”.