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Santiago José Guevara García
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El miércoles en la noche hubo anuncios. Repetición de diagnósticos equivocados (“guerra económica”). Venimos de dos semanas de incesante actividad personal en la discusión y divulgación de lo relativo a la situación económica nacional y sus salidas. Otros hicieron lo mismo. El régimen, por su parte, ha estado en su estilo de jugar a las evasivas. Y así sigue, en buena medida.

El miércoles en la noche hubo anuncios. Repetición de diagnósticos equivocados (“guerra económica”), caricias a su clientela política (salario mínimo, viviendas populares) y un mínimo y parcial reacomodo económico (sistema cambiario).

¿Efectos del estilo? Sin referencia al trasfondo (ineludibles reformas y mención a fondos contingentes y corrientes en dólares) y en su esquema “paso a paso” seguimos en el escenario “Más de lo mismo”, con algo de cambio, positivo y negativo, sin duda insuficiente para la magnitud de la problemática.

Como dijimos hace un año, el modo de decisión del gobierno había que entenderlo: es “sibilino, paso a paso, esquivo de los temas duros, con faltantes de información, manipulaciones y mentiras. Y de impactos negativos sobre las mayorías”. Y que conste que así sigue.

Lo dijimos de nuevo en nuestra rueda de prensa con colegas de FACES-UC en ocasión del reciente Manifiesto, porque ése sigue siendo el estilo. Y más tarde realizamos el pronóstico de que seguiría así en el muy corto plazo. Y se cumple. El asunto ya llegó al plano de la picaresca: la gente juega con el chiste de que “el gobierno anuncia que anunciará lo que dijo que iba a anunciar antes, pero no anunció”. Y, lo peor, que aún hay que esperar anuncios.

Es el escenario que referimos arriba: “si las cosas se siguen haciendo como hasta ahora, se profundizan los problemas -como hasta ahora- al costo del bienestar general y las libertades”. A los periodistas más curiosos dijimos que ese escenario tendencial era el más probable. Y lo ha sido.

Pareciera, pese a algunas declaraciones, obviadas en lo anunciado (el “Socialismo Productivo”) y el poco talante de las decisiones, que el régimen juega a “correr la arruga” en lo económico, por temor al costo político de las decisiones necesarias y en el deseo de llegar a las elecciones parlamentarias del año, acompañado en ese propósito por la unidad “opositora” y otros factores de poder internos y externos.

Sin embargo, lo dicho por el Sr. Maduro y sus funcionarios y panegíricos, que han dejado colar que finalmente harán caso a lo que tanto dijimos en esta columna el año pasado, significa que el régimen asumirá el reto del cambio de su fracasado modelo y procurará uno o ambos caminos que le señaláramos: o la expansión petrolera o el reto de la producción. Pero, no se anunció, excepto la mención a inversiones públicas, sin conceptuar ni describir cuáles.

¿Qué se dijo, en síntesis? Se mantiene la insostenible tasa oficial, aunque se limita a alimentos y medicinas (pero no se dijo de cuánto se dispone o cuánto se asignará), se mantiene un cambio múltiple, con eliminación de uno de los sistemas complementarios y se recurre al recurso del mercado o un proxi. Lo institucional no varía. Las perversiones y “licencias” del lobby cambiario siguen, aunque se producirá algún efecto positivo en déficit y facilidades a los productores foráneos.

¿Qué no se dijo? Mucho. No se mencionó lo macroeconómico amplio, lo microeconómico, lo institucional, el modelo productivo y los fondos en divisas para financiar y evitar mayor deterioro de precios y moneda. El Estado no se reforma a sí mismo. Lo tributario no se tocó. Los detalles del sistema cambiario se desconocen. El tema del precio de la gasolina se difiere. Cómo se replanteará el sistema de precios no se abordó.

¿Cuáles serán los impactos? Todos limitados. Es el estilo. Es el modelo. Más de lo mismo, cambiando lo mínimo necesario para sobrevivir. Lo social es insuficiente. Lo económico, también. Se privilegia -es el modelo- lo político. Se aspira sobrevivir, surfear e ir a una nueva legitimación electoral, sin sopesar los riesgos.

Hay una situación económica grave. No se resolverá. Para soportar las medidas había un background necesario: reformas amplias y fondos en divisas. No hubo las primeras, no hay los segundos. No se racionaliza el Estado ni cambian los problemas macro, micro e institucionales.

Lo que podría ser no fue. Ni en la superficie ni en el fondo. Ningún problema medular resuelto a plena satisfacción. Sigue el «paso a paso». Eso es la puerta a mayores problemas. La evaluación política de la situación y los manejos necesarios no parecen estar, o se confía en el modelo de control social y político.

¿Qué veremos? Convocatorias (ya se nos hizo a los economistas, se coronó a uno como el nuevo gurú y se vapuleó al que hace poco aspiraba serlo, con su maxidevaluación y su tasa oficial única). Diálogo. La Iglesia, UNASUR, etc., como aliados circunstanciales. El alborozo de la MUD (en fin, es la oposición leal al sistema). El arranque del “business electoral”, pues.

Mal diagnóstico. Compensaciones insuficientes. Medidas económicas limitadas. Mantenimiento de la tensión por el estilo de decisiones. Triunfo de la inercia, con resultados variados insuficientes que en lo global se anularán. No hay capacidad de reacción en el régimen. Siguen abiertos los escenarios.

* Santiago José Guevara García
(Valencia, Venezuela)
sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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