El fanatismo no se congela

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Un muñeco de nieve es una ofensa y nadie puede intentar moldearlo si no quiere que le ocurra lo que a varios redactores de la revista Charlie Hebdo. El fanatismo no se congela ni metido en un bloque de hielo. En Arabia Saudí no suele nevar pero cuando nieva en algún lugar montañoso, como ocurrió estos días pasados en la ciudad de Tabouk. Como suele ocurrir cuando caen los primeros copos, la gente recibió la nieve con sorpresa y euforia, pero por poco tiempo. Niños y mayores se lanzaron a las calles a jugar, a tirarse bolas entre risotadas y a construir muñecos. Lo normal.

Pero la alegría, ya digo, duró poco. Lo justo para que las noticias del jolgorio llegasen al imán Mohammad Saleh Al Minjed que presa del enfado enseguida redactó una fatwa (decreto religioso) furibunda contra aquellos pecadores. El Islam prohíbe terminantemente reproducir imágenes de personas y animales, recordó entre amenazas. Es decir, seres vivos y coleantes. Los que quieran divertirse con la nieve sólo pueden hacerlo reproduciendo objetos inanimados.

Imagino que los fieles se apresuraron a destruir sus improvisadas estatuas antes de que la condena del imán cayese sobre sus cabezas. El calor enseguida llegó en su auxilio: El ligero manto de nieve que cubría la ciudad desapareció muy rápido y contribuyó a librar de tan pecaminosas tentaciones a algunos ciudadanos ignorantes de los principios de la fe islámica.

La fatwa del imán Saleh quedará en cambio como aviso de que la fe no se congela. La nieve que envía el cielo no cae para provocar malas tentaciones; no puede ser un motivo para pecar. Un muñeco de nieve es una ofensa y nadie puede intentar moldearlo si no quiere que le ocurra lo que les ocurrió hace unos días a varios redactores de la revista Charlie Hebdo.

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