¿Pactarán Podemos e IU en Madrid?

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La posibilidad de un pacto previo a las urnas entre las dos formaciones de izquierdas no parece muy probable. No pactarán. IU parece volcada en la necesidad de que las fuerzas de izquierdas ‘converjan’. Es decir que los distintos grupos, partidos y movimientos, que ocupan este ángulo en el mapa político, se sienten a negociar antes de las elecciones, -locales, autonómicas, generales- y, después, se presenten ante los ciudadanos con un programa y una lista común. Una posibilidad que también, según lo que se deduce de las encuestas, parece agradar al ejército de votantes potenciales dispuesto a apostar por el cambio del que, en buena medida, se nutren el ascenso de Podemosen las encuestas.

Pero, el partido de Pablo Iglesias, a pesar de las múltiples presiones, ha dejado claro que no tiene ninguna intención de trabajar para conseguir una alianza ‘clásica’, en la que los partidos implicados se pelean hasta el último minuto por colocar a sus peones en las papeletas, en los mejores puestos disponibles, para asegurarse que sus adeptos salgan de la parrilla de salida con posibilidades reales de ser elegidos. Esos famosos encajes de bolillos que han dado lugar en el pasado a situaciones tan curiosas como la que provocó aquel ‘tamayazo’ de triste recuerdo que inauguró la negrísima etapa de Esperanza Aguirre y los suyos al frente de la Comunidad de Madrid.

Y, ¿cuáles son los motivos de este grupo político emergente para rechazar este tipo de acuerdos? Si tuviéramos que hacer caso a la retórica argumentativa que han utilizado estaríamos ante un caso más de nueva política contra vieja política y de la necesidad de otorgarle el poder de decisión a la ‘gente’. A la misma que luego, una vez que hayan hablado las urnas, se encargará de decidir si se producen o no alianzas tras las elecciones que, en este caso, Podemos no parece haber descartado de antemano. Ninguna de las posibles. Ni siquiera un posible pacto con el PSOE, aunque haya muy pocas posibilidades reales de que este se produzca.

Tal vez haya algo de eso. Un deseo inicial del grupo fundador de Podemos de mantenerse fiel a algunos de los principios que parecen incluidos en su ‘adn’ fundacional. Sin embargo, en el proceso reciente de su constitución como partido, el partido de Pablo Iglesias y, en especial el grupo de dirigentes más cercano al líder, ya ha demostrado que puede cambiar, si resulta necesario. Que su concepción de la ideología y sus objetivos políticos a largo plazo, no está reñida con el pragmatismo y la puesta en marcha de estrategias a corto plazo que, eventualmente, puedan resultar incluso contradictorias.

Lo que sucede es que, en esta ocasión, la experiencia de otra batallas, previas incluso a la irrupción de Podemos en el panorama político español, no resulta demasiado positiva. Las actuaciones pasadas de determinados grupos que permanecen en IU son motivo más que suficiente para la desconfianza. Al fin y al cabo, tanto Pablo Iglesias como la propia Izquierda Anticapitalista (IA), el partido, más o menos, organizado sobre cuya estructura se erigió el movimiento no hace tantos años, formaban parte a tiempo completo de la coalición con la que ahora rechazan negociar antes de las elecciones.

El nacimiento de IA tiene su origen en una demostración del concepto de democracia interna que tienen alguno de los grupos integrados todavía en IU. Fue en 2006, cuando la coalición realizó en Madrid un primer ensayo de elegir a sus candidatos autonómicos y locales en las primarias. Entonces, el eterno Angel Pérez lideraba uno de los grupos. Como ahora. Y sus actuaciones ya habían generado malestar suficiente en la coalición, como para que se forjara una gran alianza contra él, en la que militaban muchos de los actuales dirigentes de Podemos. La candidata elegida para competir con Pérez fue Virginia Díaz.

En apariencia, la dirección federal, que entonces encabezaba Gaspar Llamazares, y que, como ahora, también tenía algunos partidarios en Madrid, se mantenía, más o menos, neutral. Y eso provocó, en especial en los cuadros más jóvenes, una oleada de entusiasmo. Muchos estaban convencidos de que, después de estas primarias, podrían cambiarse muchas cosas en una coalición que no era capaz de despegar electoralmente, ni de convertirse en el elemento decisivo para desalojar a la derecha del poder local y autonómico. Y dónde ya había parecido el descontento, y algunas preguntas sin respuesta, por la manera de actuar de algunos notables como el ahora famoso Francisco Moral Santín, consejero en representación de IU aquella Caja Madrid de triste recuerdo.

El resultado de la votación no dejó lugar a dudas. Virginia Díaz obtuvo el apoyo del 75% de los militantes, lo que automáticamente debería haberla convertido en candidata. Pero eso no fue lo que ocurrió. Inesperadamente, se produjo un acuerdo entre los dirigentes madrileños y los de la dirección federal, que convirtió a Pérez en el candidato, a pesar de que en las primarias había cosechado poco más del 10% de los votos. La experiencia fue frustrante y tuvo como resultado esa escisión, de la que hemos hablado antes, de la que nacería IA. La negociación en la cumbre lo cambió todo, como se ve no precisamente para bien.

Y ese es el tipo de negociación que todavía busca un sector de IU. La ‘trampa’ que, al menos en opinión de los responsables de Podemos, los más viejos y consolidados ‘popes’ del aparato de la coalición de izquierdas intentan tender al electorado. Un cambio de cromos entre cúpulas que les asegure el futuro. Algo que, de ninguna otra manera, tienen la certeza de conseguir. Por eso, con unos antecedentes tan claros, no resulta fácil que se produzca el tipo de candidatura única de pesos y contrapesos entre familias enfrentadas al que los partidos de todo signo nos tienen acostumbrados.

Hay, además, en la actuación de IU en Madrid algunas pistas más que inquietante que avivan el recuerdo de aquel fiasco. Por ejemplo, el hecho de que, casi dos semanas después de la celebración de las últimas primarias, ganadas con claridad por el equipo de Tania Sánchez no se haya producido el reconocimiento oficial de esa victoria, ni haya sido designada candidata aún. Y, aunque Eddy Sánchez, el antiguo coordinador general de IU en la región haya dejado su cargo tras la derrota, ni lo han hecho, ni parecen tener intención de hacerlo otros notables como los portavoces de la coalición en el Ayuntamiento y la Asamblea de Madrid, Angel Pérez y Gregorio Gordo, respectivamente.

Ambos siguen ahí, enrocados. A pesar de que, en teoría la dirección nacional con Cayo Lara y Alberto Garzón a la cabeza también les exijan la retirada para que la coalición quede libre de la sombra de las famosas ‘tarjetas black’, entre otras hipotecas. Y la capacidad de los dirigentes de esos reinos de taifas que son muchas veces las federaciones de IU de desobedecer a los líderes centrales en busca de su propio beneficio está más que demostrada. Ahí tienen el curioso caso protagonizado por los dirigentes extremeños durante la actual legislatura al permitir que gobernara el PP contra el mandato recibido desde Madrid al respecto.

Así que no parece que vaya a producirse el pacto preelectoral que Cayo Lara ansía. No en Madrid. O, por lo menos, no de momento. Lo que quizá si pase, si el sentido común no lo remedia, es que Tania Sánchez y los suyos encabecen o formen parte de una candidatura en la que sí figuren miembros de Podemos a título individual. Sobre todo sí se confirman los malos augurios que se desprenden de los extraños movimientos que vuelven a producirse en la federación madrileña de IU. Por lo que pueda pasar, en cualquier caso, será mejor no dar nada por seguro. En estos asuntos ‘turbios’ que siempre corren en paralelo con los procesos de elaboración de listas hay partido hasta el último minuto.

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