La prensa de la casta vuelve a ‘disparar’ contra Podemos

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Los grandes diarios de tirada nacional endurecen su campaña contra el movimiento político que lidera Pablo Iglesias. Las 8.000 personas que han asistido en la Plaza de Toros de Vistalegre, del barrio madrileño de Carababanchel al ‘acto presencial’ de la ‘Asamblea Ciudadana Sí Se Puede’, convocada para este fin de semana por los dirigentes de Podemos, se han convertido, como era de esperar, en un nuevo y poderoso motivo de preocupación para la ‘casta’ y sus disciplinados voceros mediáticos.

Los herederos del 15M ya no le caen tan bien como antes a una clase política que ha advertido, por fin, que estos muchachos limpios y sin hipotecas son ya unos adversarios reales con capacidad de acceder al poder a medio plazo. Y si, desde el principio, la prensa conservadora les atacó con dureza, en los últimos tiempos, otras cabeceras, tradicionalmente reputadas de cercanía con las ideas de la izquierda moderada se han sumado con fuerza a una campaña de descrédito que, de momento, no tiene tanto éxito como sus promotores desearían.

Algunas reacciones inmediatas a esta nueva demostración de fuerza e impacto popular realizada por Pablo Iglesias y los suyos demuestran, con claridad, el temor que este grupo despierta en ciertos ambientes. Así, por ejemplo, en el editorial que dedica ‘El País’ a este cónclave se repiten todos los tópicos habituales a la hora de criticar a este movimiento político.

Ya conocen los puntos fuertes de este argumentario. Van desde la supuesta falta de claridad de su programa, hasta las posibles intenciones ocultas que tendrían estos vulgares ‘populistas’ que aspiran a tomar el poder en realidad, sólo para dinamitar las instituciones y cargarse la democracia. Y, encima con métodos poco claros, como estaría implícito en la frase pronunciada por el líder de Podemos en su discurso del sábado, cuando aseguró que «el cielo se toma por asalto».

Sin entrar en la posible credibilidad de la tesis expuesta en su editorial por el periódico madrileño, sí sorprende, o no tanto a estas alturas, que no se aplique en absoluto el mismo criterio a la hora de juzgar la veracidad y la solvencia de otras propuestas políticas recientes. Ahí está, por ejemplo, la trayectoria del PP, que tras ganar las elecciones incumplió sistemáticamente su programa y puso en práctica otro completamente distinto. O la de CIU, que basa toda su estrategia en conseguir la independencia de Cataluña, un detalle que no estaba incluido en la oferta realizada a los ciudadanos antes de las últimos comicios autonómicos.

Pero además, ¿hay alguien que sepa exactamente en que consiste el programa con el Pedro Sánchez se propone recuperar el favor de los ciudadanos para el PSOE? O, lo que es peor, ¿se puede tener claro a qué juega exactamente Susana Díaz en Andalucía, alguien que, por cierto, no ha obtenido su cargo tras una victoria en las urnas?

Me parece que la respuesta a estas preguntas es evidente. Hasta tal punto que en unas declaraciones recientes el propio Felipe González ha explicado que cuando su equipo tomo el poder en el partido hace ahora 40 años, tenían muy claro lo que querían hacer con España. Y, ahora, sin embargo, los dirigentes socialistas «están bastante distraidos».

Quizá el veterano político, que ya fue muy crítico con José Luis Rodríguez Zapatero», quizá no esté siendo justo con Sánchez. No parece de recibo exigirle todavía nada muy concreto al nuevo secretario general de los socialistas, que hace sólo unos meses que ocupa el cargo y ha llegado a él en unas circunstancias excepcionales, con el viejo barco al borde del hundimiento. Lo normal es que se le conceda tiempo para perfilar bien sus estrategias. Sobre todo porque quedan todavía unos cuantos meses para las próximas votaciones que, según el calendario previsto, serán autonómicas y locales.

Y, de hecho, la prensa tradicional, de algún modo, le estaría concediendo esa ‘tregua’ a Sánchez. Tal vez sólo, porque este político es una de las pocas esperanzas de supervivencia que le quedan al bipartidismo en crisis. Sin embargo, desde esos mismos diarios se mete prisa y se presiona sin concesiones a Podemos.
Y eso, que todavía no ha terminado el proceso constituyente en que la formación está inmersa, esta ‘Asamblea Sí Se Puede’ de la que hablábamos antes.

Una forma inédita de establecer un programa y un sistema organizativo para una formación política, en la que el acto de Vistalegre, sólo es un elemento más, al que sólo se le puede conceder más importancia, por ejemplo, a que a los procesos de votaciones ‘on line’ que aún quedan por completarse, si se toman como referencia los congresos de los partidos clásicos. Pero en esos eventos, las votaciones se efectúan entre compromisarios previamente elegidos que, por cierto, suelen tener definido el sentido de su voto, según la familia a la que pertenezcan.

No sucede en este caso. A Vistalegre ha podido acudir todo aquel simpatizante de Podemos que ha manifestado su deseo de hacerlo y ha recogido las correspondientes entradas. Nadia sabía de antemano la posible correlación de fuerzas entras esas facciones supuestamente enfrentadas que pelean por tomar el control del movimiento. Una circunstancia, además, que cuando se ha producido en los congresos de los partidos clásicos ha sido interpretada como signo de pluralidad democrática y señal de riqueza y diversidad. Justo lo contrario de lo que se hace en los análisis publicados hasta ahora sobre Iglesias y los suyos.

Sin embargo, ni siquiera con esta doble vara de medir tan evidente, los tertulianos y analistas manejados por la casta, pueden dejar de reconocer que la irrupción de Podemos en el panorama político español ha sido fundamental para provocar unos cuántos cambios en la forma de comportarse de los actuales ‘propietarios’ del poder y su entorno más cercano. Reconocen que este grupo ha sido capaz de sintonizar con el sentimiento de la ciudadanía y señalar de forma precisa las contradicciones e injusticias del actual sistema. Es obvio que no les queda otro remedio que hacerlo.

¿Saldrán de verdad del proceso constituyente de Podemos un partido ‘distinto’ y un programa electoral concreto? Habrá que verlo, por supuesto y no dar nada por hecho. Pero ante la reacción virulenta y precipitada de los medios de comunicación que han sustentado el bipartidismo durante los últimos 36 años, da la sensación de que en la casta lleva ya un tiempo instalado ese temor. El de que está opción política sea verdaderamente sólida, alcance el poder, y terminé para siempre con el sistema corrupto e ineficiente que ha llevado al país a esta interminable crisis económica que también es política y ética.