Rajoy y Sánchez

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El presidente del Gobierno sólo quiere hablar de sus éxitos económicos y el líder del PSOE da una de cal y otra de arena. La semana se ha despedido, desde un punto de vista político, con algunos elementos realmente curiosos. Para empezar, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, concedía una rueda de prensa para despedir el curso en la que anunció que iba a admitir preguntas.

La cuestión era doblemente insólita. En primer lugar, por constituirse en si misma en una noticia casi inesperada a estas alturas y en segundo porque Rajoy pretendió utilizar su aparente disponibilidad a responder a los medios para prolongar su oda de ‘autoalabanzas’, presentándose ante los periodistas como el hombre que salvó a España de la hecatombe económica. Ese era el único mensaje que quería transmitir y, de ahí en adelante, lo demás fueron grandes silencios a la hora de eludir, más que abordar, los temas que le resultaban incómodos.

No es menos cierto que la comparecencia de ayer le resultó a la postre menos engorrosa que la que protagonizó hace un año. Entonces Rajoy eligió hablar en el Congreso para explicar sus relaciones con el antiguo tesorero del PP Luis Bárcenas, huyendo del cuerpo a cuerpo con los periodistas, que sustituyó por el formato de las interpelaciones parlamentarias.

Evidentemente, está en la memoria de todos, el hecho de que el presidente del Gobierno faltó a la verdad en sede parlamentaria cuando dijo, y lo hizo en pretérito, que apenas había tenido trato con Bárcenas. La mentira se descubrió muy pronto. Pocas fechas después ‘El Mundo’ publicaba el contenido de unos mensajes telefónicos que ponían de manifiesto la existencia de una relación próxima, estrecha y cordial entre el presidente del Gobierno y el extesorero del PP.

Por lo tanto, y por lo que se refiere a Rajoy y su inesperada rueda de prensa de ayer, lo cierto es que no hubo nada fuera de lo previsto. El otro protagonista del día fue el flamante líder del principal partido de la oposición, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Ayer, el socialista daba una de cal y una de arena.

Así, mientras aseguraba que si su partido llegaba al Gobierno establecería un marco legal común para todas las confesiones religiosas, restando privilegios a la religión católica, también afirmaba luego que estaría dispuesto a pactar puntualmente con el PP «por el bien de los españoles» si ello supone “contribuir a la prosperidad” de España.

Estas dos manifestaciones enfrentadas describen bien el mundo ‘esquizoide’ en el que parece estar asentada la personalidad política de Sánchez. A lo mejor, el nuevo jefe de los socialistas sólo estaba intentando ‘abrise de capote’ para abarcar las dos orillas del sentimiento político de los españoles, pero más bien suena, como he dicho antes, a la vieja estrategia de dar una de cal y una de arena. Lo que puede ser un mecanismo para seguir andando, mientras no se tiene una oferta política concreta que proponer a la sociedad.