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El desgobierno de Ayuso juega con la salud de Madrid

El secretario general de CCOO de Madrid, Jaime Cedrún.
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El secretario general de CCOO de Madrid, Jaime Cedrún. (Foto: Fran Lorente / CCOO Madrid)

Después de asegurar el martes que iba a contratar 180 nuevos rastreadores, este Gobierno que parece un juguete roto pide rastreadores voluntarios.

sábado 01 de agosto de 2020, 08:00h

No descarto que cuando estas líneas vean la luz hayan quedado trasnochadas como consecuencia del permanente estado de desgobierno de la Comunidad de Madrid. Los vaivenes del Ejecutivo madrileño indican que están jugando con la salud de la población como si no hubieran aprendido nada en estos últimos cuatro meses.

En una semana, la región ha pasado de “tener todo controlado” a ver cómo se cuadruplican los contagios. Mientras el Gobierno de Ayuso se pasa el día mirando a Moncloa para hacer una oposición a España, el consejero de Sanidad sigue siendo un incapaz de predecir lo que está ocurriendo. Y ahora, después de cuatro meses, ya sabemos de lo que hablamos.

La presidenta continúa arremetiendo sin ningún sentido contra el Gobierno de Pedro Sánchez y contrariando la estrategia de su líder, Pablo Casado, que pide “un mando único”. Ella tiene vida propia y plantea medidas unilaterales. Está por ver si también apoya la moción de censura ultraderechista planteada por Vox contra el Gobierno de España.

Es surrealismo. Isabel Díaz Ayuso, del PP, hace públicas unas medidas el martes que eran un simple disfraz para ocultar su ineptitud y en menos de 24 horas, el vicepresidente Ignacio Aguado, de Ciudadanos, la contradice, la rectifica. Políticamente la humilla al asegurar que ella hace las declaraciones que considera, pero él es el portavoz del Gobierno. En realidad, del desgobierno. Parte de esa batería de medidas llegaron tan tarde como siempre, mientras otras eran sencillamente una barbaridad.

No sabemos si por querer diferenciarse del mundo, la presidenta ha sido la última en hacer obligatorio el uso de la mascarilla. De hecho, la ciudadanía ha sido más responsable que el Gobierno regional y su Consejería de Sanidad al hacer un uso bastante amplio de ella, más allá de los problemáticos locales de ocio nocturno y parte de la juventud. En este sentido, sería imprescindible contundentes campañas de concienciación entre la juventud, algo que no se está haciendo.

Pero la inacción del Gobierno regional es mucho mayor. Me refiero a la contratación de rastreadores. En ningún momento ha cumplido el compromiso de contratar a 400 personas para esta labor, que es una cifra ridícula en comparación con otros lugares de Europa (en Alemania existe uno por cada 4.000 habitantes y en Madrid uno por cada 40.000). Es más, en una redoblada rectificación y después de asegurar el martes que iba a contratar 180 nuevos rastreadores, este Gobierno que parece un juguete roto pide rastreadores voluntarios.

Una “sinvergonzonería” e “improvisación” en palabra de alcaldes madrileños. Un escandaloso disparate añadiría yo, cuando vemos que el Gobierno malgasta un millón de euros para contratar sacerdotes católicos para merodear por los hospitales aconfesionales de la región y participar en sus comités de ética.

Quizá la medida más increíble que ha vuelto a evidenciar la crisis de Gobierno latente en la Comunidad de Madrid ha sido la ocurrencia de poner en marcha una especie de pasaporte serológico, la “cartilla covid-19” que el vicepresidente se ha encargado de desactivar aun sin dejar claro en que va a consistir.

Sin duda, la “cartilla” de Ayuso era una barbaridad criticada desde la Organización Mundial de la Salud hasta especialistas científicos y epidemiólogos. Un disparate y un despropósito sin ninguna garantía científica que podría suponer una mayor expansión del virus. Una aberración contra el sentido común que suponía una discriminación evidente en función de si los madrileños hemos pasado la enfermedad o no. Pero también una discriminación económica porque implicaba que estuviéramos cada dos por tres realizándonos una prueba en un hospital privado para ver si dábamos positivo o no. Una invitación también a dejarse contagiar para estar supuestamente “liberados”. Las ocurrencias de Ayuso ya sobrepasan a Trump o Bolsonaro y se acercan a las del presidente de Bielorrusia Lukashenko que tras haber pasado la enfermedad, después de negarla, asegura encontrarse en la “reserva de oro”.

Con todo, el Gobierno regional tiene que explicar qué será ese “registro público” que se pretende realizar con nuestros datos. Debe explicar quién digitalizará esos datos, especialmente cuando nuestro historial médico existe en la base de datos de Salud Madrid.

Madrid necesita urgentemente seriedad en los planes para hacer frente a la pandemia porque el virus sigue ahí. Madrid no puede vivir bajo un Gobierno que muestra una incapacidad manifiesta y una crisis permanente, porque mientras mareamos la perdiz el virus sigue amenazando nuestra salud y una crisis económica histórica.

Ayuso tendrá que dar muchas respuestas a sus ocurrencias y a la tragedia que ha provocado. Mientras redacto estas líneas leo que 7.291 mayores murieron en Madrid en su residencia sin ser trasladados a un hospital. El 77 por ciento de los residentes que fallecieron entre marzo y abril en geriátricos de la región no fueron derivados a hospitales.

Eso sí, en una pequeña información veo que la “ley del suelo” ya ha tenido luz verde por parte del Ejecutivo regional…

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