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La CEOE augura una caída del PIB de hasta el 9% y una subida del paro de 900.000 personas

Antonio Garamendi, Vicepresidente de la CEOE y presidente de Cepyme
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Antonio Garamendi, Vicepresidente de la CEOE y presidente de Cepyme (Foto: APIE)

El déficit público podría elevarse hasta el 11% del PIB, estima el departamento de Economía de la CEOE.

miércoles 08 de abril de 2020, 10:41h

El departamento de Economía de la CEOE ha publicado este miércoles un informe especial sobre el impacto de la crisis del Covid-19 en las empresas y en la economía en general, y los resultados son peores de lo inicialmente previsto: los empresarios esperan un hundimiento de hasta el 9% de la economía, un aumento del paro en 900.000 personas y un déficit disparado hasta el 11% del PIB.

España entrará en recesión en 2020 debido al parón de la actividad y de la demanda a partir de la segunda quincena de marzo y su extensión a abril, con una caída del PIB estimada en un 5% para el conjunto del año. Y ello “en el escenario de recuperación más intensa”, en el que se estima el final del confinamiento para los primeros días de mayo, una alta efectividad en las medidas adoptadas y una recuperación rápida en la mayor parte de los sectores. En este escenario, se perderán 445.300 ocupados en términos de EPA, un 2,3% menos en media anual, y la tasa de paro crecerá del 14,1% al 16,5%, con un incremento del paro en 560.400 personas, hasta situarse en 3,8 millones.

La CEOE explica que “la excepcionalidad” de la situación hace difícil predecir escenarios centrales puesto que se desconoce aún la evolución de la propia crisis sanitaria o el grado de efectividad de las medidas adoptadas por el Gobierno. En el escenario más adverso que contemplan los empresarios, con un confinamiento más prolongado y una menor efectividad de las medidas, la caída del PIB podría situarse alrededor del 9%. En este caso, el empleo caería un 4% en media anual, con un descenso de la ocupación de 796.800 personas, y el paro se elevaría en 912.000 personas, hasta casi los 4,2 millones, con una tasa de desempleo del 18%.

Con todo, teniendo en cuenta que la economía se enfrenta esta vez a un ‘shock de impacto’, los niveles de actividad podrían alcanzar en diciembre los existentes al cierre de 2019, con lo que la recuperación en un escenario como el actual debería ser más rápida que cuando asistimos a un final de ciclo del tipo de la pasada recesión. En este sentido, en el escenario más optimista, se estima que el PIB experimentaría un notable rebote del 5,2% el próximo año.

En el caso de las estimaciones sobre el impacto sobre el déficit y la deuda pública, la dificultad para realizar cálculos es mayor al tratarse de ratios dependientes de múltiples variables, señala el departamento de Economía de la CEOE.

Del lado de los gastos, se tiene en cuenta un incremento del gasto público derivado de las prestaciones asociadas a ERTES y prestaciones por cese de actividad de autónomos. También se estima un coste de entre 5.000 y 6.000 millones derivados de las medidas de gasto en el ámbito sanitario y para dar cobertura a colectivos vulnerables. A ello habría que sumar el gasto asociado al repunte del desempleo y entre otros 5.000 y 6.000 millones más por la subida salarial de los funcionarios y la revalorización de las pensiones.

Así, el aumento de las necesidades de gasto público podría sería de entre 25.000 y 30.000 millones de euros, sin contar con las medidas que aún pueden quedar por anunciar, señalan los empresarios.

Por la parte de los ingresos, los empresarios esperan que la recaudación caiga sobre todo en el IVA. Una estimación “prudente”, supondría una reducción de la recaudación por este impuesto para el conjunto del año de entre el 10% y el 20% —de 7.000 millones y 14.000 millones—, dependiendo de lo que tarde en recuperarse el consumo tras el confinamiento.

La reducción del consumo de hidrocarburos por las restricciones de movilidad supondrá también un descenso de entre el 20% y el 30%, en función del calendario de recuperación de la movilidad y el consumo, lo que detraerá entre 4.000 y 6.000 millones de euros.

En cuanto a los impuestos directos, el IRPF se verá afectado por el incremento del desempleo y la pérdida de facturación de autónomos, pero sus efectos se dividirán entre 2020 —este año se presenta Declaración de la Renta de 2019, pero se registrarán menores retenciones a cuenta— y 2021 —año en que se presenta la liquidación correspondiente a 2020–.

En este caso, se estima que la cifra será menor que la correspondiente al IVA, con una posible caída de entre el 5% y el 10%, de entre 4.000 y 8.000 millones de euros.

En el Impuesto sobre Sociedades, el calendario de liquidaciones introduce las mismas dificultades para el cálculo. Sin embargo, el pago a cuenta de abril para las empresas que facturan más de seis millones de euros, en función de los escenarios que se barajan, podría reducirse entre 1.000 y 2.000 millones.

En el capítulo de las cotizaciones a la Seguridad Social, el impacto sí va a ser bastante inmediato por el incremento del desempleo, las bajas de trabajadores autónomos y el efecto de los ERTEs.

Sumando todas estas estimaciones, la pérdida total de recaudación podría situarse entre el 8% y el 15% en función de la profundidad de la caída de la actividad y la velocidad de su posterior repunte. El resultado de estas desviaciones arroja un déficit público de entre los 80.000 y los 120.000 millones de euros, en una horquilla del 7,5% y el 11% del PIB, en función del comportamiento de la actividad. Al mismo tiempo, la deuda pública ascendería hasta el 108% o el 115% del PIB.

No obstante, la mayor parte de la influencia de este sobre las finanzas públicas debería ir diluyéndose a medida que se recupera la normalidad, sin afectación sobre el déficit estructural.

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