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El Vaticano critica la política europea "miope e ilusoria" que responde al virus con "intereses nacionales"

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La Pontificia Academia para la Vida ha arremetido contra la política europea "miope e ilusoria" que responde a la pandemia en términos de "intereses nacionales".

martes 31 de marzo de 2020, 11:03h
La Pontificia Academia para la Vida ha arremetido contra la política europea "miope e ilusoria" que responde a la pandemia en términos de "intereses nacionales" en un documento en el que ha constatado que sin una mesa común "los virus no se detendrán".

"En las relaciones internacionales (también en la Unión Europea) hay una lógica miope e ilusoria que trata de dar respuestas en términos de 'intereses nacionales'. Sin una colaboración efectiva y una coordinación eficaz, que asuma decisiones aun a sabiendas de inevitables resistencias políticas, comerciales, ideológicas y relacionales, los virus no se detendrán", ha evidenciado en un texto publicado este lunes el organismo del Vaticano, instituido por San Juan Pablo II en 1998, que preside el arzobispo italiano Vincenzo Paglia.

El documento de 7 páginas, titulado 'Pandemia y Fraternidad Universal', analiza desde distintas perspectivas la pandemia de Covid-19 que está poniendo a la humanidad en una situación de dificultad "sin precedentes, dramática y de alcance mundial", se evidencia en el texto.

"Se trata de decisiones muy serias y onerosas: se necesita una visión abierta y elecciones que no siempre van de acuerdo con los sentimientos inmediatos de las poblaciones individuales. Pero dentro de una dinámica tan marcadamente global, las respuestas para ser eficaces no pueden quedar limitadas a sus propios confines territoriales", aseveran los académicos que forman parte del departamento de la Curia que estudia y saca conclusiones de los principales problemas de biomedicina y derecho, relativos a la promoción y a la defensa de la vida, sobre todo en la relación directa que éstos tienen con la moral cristiana y las directivas del Magisterio de la Iglesia católica.

El organismo que preside Paglia evidencia a su vez que la capacidad de la ciencia "muestra sus propios límites". "Sus resultados son siempre parciales, ya sea porque se concentra --por conveniencia o por razones intrínsecas-- en ciertos aspectos de la realidad dejando fuera otros, o por el propio estado de sus teorías, que son, en todo caso, provisionales y revisables", vislumbra. Y añade: "no somos dueños de
nuestro propio destino".

De este modo, argumenta que las decisiones políticas no pueden solo reducirse a los datos científicos porque permitir que los fenómenos humanos se interpreten sólo "sobre la base de categorías de ciencia empírica sólo produciría respuestas a nivel técnico".

"Terminaríamos con una lógica que considera los procesos biológicos como determinantes de las opciones políticas, según el peligroso proceso que la biopolítica nos ha enseñado a conocer. Esta lógica tampoco respeta las diferencias entre las culturas, que interpretan la salud, la enfermedad, la muerte y los sistemas de asistencia atribuyendo significados que en su diversidad pueden constituir una riqueza no homologable según una única clave interpretativa tecnocientífica", subraya.

Para la Pontificia Academia para la Vida es necesaria una "alianza entre la ciencia y el humanismo, que deben ser integrados y no separados o, peor aún, contrapuestos".

LA SOLUCIÓN: "LOS ANTICUERPOS DE LA SOLIDARIDAD"
Desde el punto de vista de la emergencia sanitaria la Pontificia Academia para la Vida afirma que la emergencia de Covid-19 solo será derrotada "con los anticuerpos de la solidaridad". Así, reclama que los "medios técnicos y clínicos de contención" se integren en una "vasta y profunda investigación para el bien común, que deberá contrarrestar la tendencia a la selección de ventajas para los privilegiados y la separación de los vulnerables en función de la ciudadanía, los ingresos, la política y la edad".

De este modo, el Vaticano llama a "la construcción de una coordinación mundial de los sistemas de salud". Y especifica: "Debemos ser conscientes de que el nivel de contención viene determinado por el eslabón más débil, en lo que respecta a la prontitud del diagnóstico, a la rápida respuesta con medidas de contención proporcionadas, a estructuras adecuadas y a un sistema de registro e intercambio de información y datos".

En este sentido, invita a considerar las emergencias con una "visión de conjunto" que orqueste también la comunicación para evitar la "desorientación generada" en las informaciones por "la incertidumbre de los datos y la fragmentación de las noticias".

Asimismo, reclama una revisión de la "sanidad pública" que ponga en "equilibrio" los enfoques "preventivos y terapéuticos", entre la "medicina individual y la dimensión colectiva" (dada la estrecha correlación entre la salud y los derechos personales y la salud pública), si bien asegura que solo podrá llevarse a cabo "en el futuro, en tiempos menos agitados".

Así apunta a la "fecundidad" de una perspectiva global de la bioética, que, teniendo en cuenta la multiplicidad de las dimensiones en juego y el alcance mundial de los problemas supere una "visión individualista y reductora de las cuestiones relativas a la vida humana, la salud y los cuidados".

"LAS CONSECUENCIAS DE NUESTRAS ACCIONES RECAEN SOBRE LOS DEMÁS"
De otro lado, la institución de la Santa Sede que preside Mons. Paglia constata que la exposición a la vulnerabilidad de la humanidad muestra su gran interdependencia. Así evidencia cómo el contagio se extiende "muy rápidamente de un país a otro" de manera que "lo que le
sucede a alguien se convierte en algo decisivo para todos".

"Esta coyuntura hace que lo que sabíamos sea aún más evidente de inmediato, sin hacernos responsables de ello adecuadamente: para bien o
para mal, las consecuencias de nuestras acciones siempre recaen sobre los demás. Nunca hay actos individuales que no tengan consecuencias sociales: esto se aplica a los individuos, lo mismo que a las
comunidades, sociedades, poblaciones individuales incolumidad de cada individuo depende de la de todos", incide.

Por ello, arremete contra la concepción que afirma "Mi libertad termina donde comienza la del otro". Para el Vaticano esta fórmula es "inadecuada" para la comprensión de la experiencia real y no es casualidad que sea afirmada por quienes "están en posición de fuerza".

Y añade: "Nuestras libertades siempre se entrelazan y se superponen, para bien o para mal. Es necesario, más bien, aprender a hacerlas cooperar, en vista del bien común y superar las tendencias, que incluso la epidemia puede alimentar, de ver en el otro una amenaza
infecciosa' de la que distanciarse y un enemigo del que protegerse".

Asimismo, también lamenta la tendencia de pensamiento que afirma "Mi vida depende única y exclusivamente de mí". Para la Pontificia Academia de la Vida "esto no es así". Y agrega: "Somos parte de la humanidad y la humanidad es parte de nosotros: debemos aceptar estas dependencias y apreciar la responsabilidad que nos hace participantes y protagonistas. No hay derecho alguno que no tenga como implicación un deber correspondiente: la coexistencia de lo libre e igual es un tema exquisitamente ético, no técnico".

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