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Nervios en el mercado de deuda corporativa ante la salida del BCE del terreno de juego

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Los inversores temen una avalancha de ventas en la renta fija empresarial propiciada por el fin del estímulo del BCE.

miércoles 28 de noviembre de 2018, 07:00h

Con la llegada de 2019, el Banco Central Europeo (BCE) se retirará del mercado de deuda empresarial, que ha estado tutelando durante los últimos años. Desde junio de 2016, la institución que preside Mario Draghi ha acumulado 175.000 millones de euros en bonos corporativos, una red de seguridad con la que dejarán de contar unos inversores cada vez más temerosos de un cambio en el ciclo crediticio al que se suman las tensiones por la situación de Italia.

“La gran pregunta en los mercados de crédito en los últimos años ha sido: ¿qué sucede si las compras en un solo sentido se convierten en ventas en un solo sentido?”, señala a Financial Times Jim Leaviss, jefe de renta fija minorista de M&G Investments, que apunta a la eliminación del “gran respaldo de QE para los mercados de renta fija”.

La reducción del programa de bonos corporativos no tiene precedentes, recuerda el diario británico. El Banco de Inglaterra compró pequeñas cantidades de bonos corporativos a raíz de la crisis financiera, y reanudó brevemente el esquema después de la votación del Brexit. Pero estas compras palidecen en comparación con el programa del BCE, que se ha quedado una quinta parte de todos los bonos corporativos en euros elegibles.

Además, mientras el Banco de Inglaterra evitó comprar en el mercado primario, cuando las compañías inicialmente recaudan los fondos, el BCE ha apoyado activamente las emisiones. El cambio será sustancial a partir de ahora. Incluso después de reducir sus compras este año, el banco central sigue comprando alrededor de 1.000 millones de euros en bonos corporativos a la semana.

Al realizar pedidos de nuevas emisiones de bonos, el BCE optó explícitamente por no evaluar la calidad crediticia de una compañía determinada, en lugar de eso simplemente evaluó si el bono cumplía con sus criterios técnicos, incluida la necesidad de obtener una calificación de grado de inversión.

Y aunque trató de no establecer el precio de una venta, el hecho de que el banco central igualara las ofertas más ajustadas en la cartera de pedidos de un acuerdo significaba que, naturalmente, ayudaba a los banqueros a manejar el coste de la deuda para sus clientes corporativos. Esto podría haber dado lugar a algunas situaciones incómodas, como el caso del español Dia, hasta hace poco en grado de inversión y ahora hundido en una calificación de bono basura.

“La gente va a ser mucho más cautelosa al traer nuevas emisiones para asegurarse de que funcionen”, señala un banquero a FT.

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