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Articulación: Ese equívoco concepto

viernes 27 de mayo de 2016, 00:00h
Política Transicional
Política Transicional
Los que se creen políticamente ungidos –caudillos, dicho de manera sencilla- no conciben la articulación y la institucionalización.
Las fallas de articulación para fines políticos nacionales superiores son uno de los costos de los liderazgos tradicionales o carismáticos. En perspectiva de largo plazo, hacen difícil la confluencia de sectores diversos en nuevos bloques sociales y hegemonías. Sobre todo, una que nos interesa: la tendente a instituciones favorables al republicanismo pleno y un mercado exitoso.

Los que se creen políticamente ungidos –caudillos, dicho de manera sencilla- no conciben la articulación y la institucionalización. Ellos son el centro del universo, el gran factor coordinador. En Venezuela, por ejemplo, es dramático: el verbo coordinar se conjuga en primera persona del singular. Es un contrasentido, pero es normal el “yo coordino”. Como si eso pudiere existir. La coordinación toca a las relaciones entre agentes y no al mando de uno de ellos.

Para nuestro cometido de un proceso de institucionalización-reinstitucionalización, el cual aún no se ha dado en el país de modo pleno, esos liderazgos son un serio problema. En general es así en países de baja o media calidad institucional. Hay una suerte de círculo vicioso. América Latina y el Caribe no están muy bien situados al efecto. Cuba y Venezuela –los dos dominios de los Castro, ligaditos- son el extremo indeseado.

El proceso necesario a fines transicionales, para mayores cotas de democracia y mercado lo hemos descrito sucintamente: “1) el impulso es siempre cultural: una idea, 2) una sinapsis liga la idea a un líder, 3) ese líder lo asume como reto político, 4) la transmisión efectiva es social: lleva al líder a una articulación de sectores, más allá de la política misma, 5) diversos factores, revisados en nuestra visión del proceso transicional, generan un bloque social, del cual depende el cambio, y 6) ese cambio debe expresarse en instituciones celosas de su efectividad y legitimidad”.

Estamos enfrente, entonces, de un problema político importante. Pasar de la referencia al caudillo o el líder a la articulación no es sencillo. Como tantas veces hemos dicho, el asunto contiene exigencias prospectivas y estratégicas: una visión de lo necesario al cambio y el modo de viabilizarlo.

Uruguay, Chile y Costa Rica han podido hacerlo. Con camino aún por recorrer, muestran avances de sus instituciones políticas y económicas que los hacen destacar en el subcontinente. Hoy, no hay dudas sobre el valor de las instituciones para el éxito nacional. Como base de actuación de sus liderazgos son un nivel de estructuración muy superior al simple apoyo en las políticas.

La relación entre consensos e instituciones es hoy clave. Los primeros son importantes; pero, mucho más, si sirven a la institucionalización. En el caso venezolano del anterior ciclo democrático, lo primero no solo no llevó a lo segundo, sino que su deterioro fue el detonante para pérdidas del entramado institucional previamente existente.

En el momento actual, las fallas persisten. Si bien es cierto que existe una confluencia unitaria en los sectores favorables a la democracia, también es cierto que se hace en un contexto de liderazgo carismático y la persistencia de formas cupulares excluyentes y sin un cometido institucional apropiado. Es posible afirmar que hay muy poco interés en un proceso serio de institucionalización de la gobernanza.

Entre el fin ausente de una visión de país sobre bases republicanas y de institucionalización del mercado y la persistencia del carisma se define el futuro nacional. No todos los fines y condiciones permiten uno bueno. Venezuela debe aún buscar su camino.

* Santiago José Guevara García
Valencia, Venezuela
sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1
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