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Navidades y fiestas en Cuba

lunes 14 de diciembre de 2015, 00:00h
Cuando nuestros analistas profesionales y los de bares de esquina comiencen con sus recuentos, de seguro en los primeros sitios nos encontraremos con el alza de los precios.
La Habana. Unos humoristas locales sin pelos en la lengua, comentaban ante aceptable concurrencia que reía y aplaudía indistintamente, que este año por terminar era de uno de los más largos que cubano alguno pudiera recordar.

Valga la aclaración que ya una vez tuvimos oficialmente un año de 18 meses y fue cuando, en un intento fallido, nos fuimos todos a cortar caña de azúcar, borrar cumpleaños, vacaciones, aniversarios de boda, bautizos (entonces semi clandestinos), suspender navidades y año nuevo en aquella memorable Zafra de los Diez Millones (de toneladas) en 1970. Un año de 18 meses, así de claro se nos dijo.

Todo esto de los risibles, porque había comenzado el 17de diciembre del año anterior y debía concluir este 31 a las doce de la noche. Doce meses del inicio de las relaciones diplomáticas con EEUU que hasta el momento, tanto para la gente de a pie como los que se mueven en bicicletas o coches las alegrías han sido para un selecto sector privado dedicado a ofertar servicios.

Cuando nuestros analistas profesionales y los de bares de esquina comiencen con sus recuentos, de seguro en los primeros sitios nos encontraremos con el alza de los precios. Una subida sin previo aviso, ni anestesia, ni consuelo alguno porque nadie se ha tomado el trabajo de decirlo ante el gran público en un país que cuando las autoridades se proponen que algo sea conocido, durante 24 y más horas nos lo están contando estemos en casa, en la cama, a la mesa o en una urgencia peristáltica en el wáter.

Los humoristas de más arriba nos lo recordaron. No con un chiste, sino con la papeleta de entrada. Antes, unos 7 pesos cubanos (unos 30 céntimos de euro) y ahora 25 con lo cual a algunos habrá que contarle el espectáculo porque ese lujo no se lo pueden proporcionar.

Parece que algo no está funcionando bien con las cuentas y le cuelgan el cartelito de la crisis económica internacional como blindaje a un malestar digamos de bolsillo.

Hasta desde el púlpito vienen los aumentos sin tener en cuenta la grata visita que nos dispensó el Papa Francisco con esa humildad a prueba de balas. El almanaque, el simple almanaque desaparecido desde que otro desaparecido (Carlos Lage, secretario del Consejo de Ministros y defenestrado en 1992) dijo que cero calendarios, que había que ahorrar papel, nuestros curas en las parroquias le han subido dos pesos más, que del cielo no sólo cae agua.

Altos precios, desabastecimiento visible en la red comercial y una muy tibia política de aumentos salariales en determinados sectores, entre otros factores no menos importantes, van como bola por tronera a fortalecer el inacabable culebrón del mercado negro y el robo en establecimientos estatales. En pocas palabras, más leña al fuego, una herida que no cierra ni con avíos para pescar un pez espada.

Y delante de todos, las fiestas. Vaya fiestas.
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