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Snapchat echa freno al asalto de los unicornios de Silicon Valley a Wall Street

Las rondas de financiación a startups siguen su curso mientras el miedo a la burbuja bursátil va en aumento.

martes 23 de mayo de 2017, 10:29h
Efervescente. Esa es la palabra que más repiten los analistas al escrutar el corto pero volátil recorrido que Snap, la compañía responsable de la aplicación móvil Snapchat, se ha apuntado desde su estreno en Bolsa. Una trayectoria errática sin rumbo definido que ha impedido el esperado asalto a Wall Street de los unicornios de Silicon Valley.

Efervescente. Esa es la palabra que más repiten los analistas al escrutar el corto pero volátil recorrido que Snap, la compañía responsable de la aplicación móvil Snapchat, se ha apuntado desde su estreno en Bolsa. Una trayectoria errática sin rumbo definido que ha impedido el esperado asalto a Wall Street de los unicornios de Silicon Valley.

Las dudas sobre el modelo de negocio de Snap no han hecho más que multiplicarse desde su debut y, especialmente, con cada nuevo informe sobre hábitos de consumo de Internet y redes sociales que muestran lo voluble de las preferencias de sus usuarios. Un panorama ante el cual son cada vez más los analistas que hablan de burbuja en la valoración del sector o, en el mejor de los casos, advierten sobre la posibilidad de bruscos cambios de precio a corto plazo.

Un clima de creciente cautela que para nada alienta el que otros unicornios criados en el entorno favorable de Silicon Valley se decidan a dar el salto al abrupto hábitat de Wall Street. Mientras hace unos meses se esperaba un aluvión de estas startups cuya valoración supera los 1.000 millones de dólares, ahora muy pocos creen que las compañías que hasta hace muy poco pedían la vez para estrenarse en Bolsa después de Snapchat tengan ahora el mismo entusiasmo.

A favor de las que quisieran dar el salto, que Snap todavía cotiza un 32% por encima del precio de colocación inicial de sus acciones: 22,39 dólares frente a los 17,00 de la ronda inicial. Un repunte acumulado que no lo es para los que se apuntaron al carro en los días posteriores al debut, incluso en las primeras correcciones. Aquellos que entraron en la novata estrella del año en su tercera sesión como cotizada, la primera en rojo, ya pierden un 6%.

Hasta ahora, el que compra primero ha vendido mejor

Esta disparidad debería animar a los inversores a tomar posiciones en compañías de negocio y características similares a las de la creadora de Snapchat en sus fases iniciales de colocación, facilitando su camino hacia el estreno y a precios en la parte alta del rango que pudieran establecer los bancos encargados de tantear el interés del mercado. El riesgo de llegar después es comprar demasiado caro. Una percepción a la que además contribuyen las cotas alcanzadas por otros indicadores.

La ratio PER del índice S&P 500 se sitúa hoy por hoy muy cerca de las 18 veces, una cota superior a la media histórica del índice agregado neoyorquino y que cada vez recuerda más a las 24,5 veces del pico de valoración alcanzado por Wall Street antes del pinchazo de la burbuja de las puntocom. Esta última referencia es, sin embargo, una nadería si se compara con las 43,23 veces por las que hay que multiplicar las ganancias por acción de Facebook para alcanzar su precio actual de mercado.

En el caso de la red diseñada por Marck Zuckerberg, las credenciales que han permitido tal sobrecalentamiento de la cotización son las previsiones de ingresos futuros sobre publicidad. Unas proyecciones que, a pesar del riesgo que tienen los siempre cambiantes hábitos en el uso de Internet, se fundamentan sobre cifras concretas en las que Facebook ya ha demostrado su capacidad de monetizar visitas. Mientras tanto, Snapchat sigue sin aportar cifras claras que permitan un optimismo tan desatado y sostenido como en su rival.

La diferencia entre estas dos radica en que Snap no ha generado beneficio ni una sola vez desde su creación y a lo largo de 2016 ha sufrido pérdidas por un 38% más que en el ejercicio anterior. Amén de que a lo largo del último trimestre del pasado año el número de nuevos registros cedió desde el 16% que marcaba su media anual hasta entonces hasta apenas un 3%. Sin embargo, su precio actual supone cerca de 60 veces sus beneficios por acción.

El miedo a la burbuja no llega aún a California

Por si fuera poco, el precedente de LinkedIn, que este mes de mayo cumple seis años en el parqué neoyorquino. La red social de contactos profesionales vio sus acciones ascender un 73% en la jornada de su debut para luego perder más de la mitad de su valor en los años siguientes. Un brusco viaje de ascenso y desplome que se orquestó desde un punto de partida en el que sus acciones se valoraban a 45 veces sus ganancias.

Las rondas de financiación a través de bancos y vehículos de inversión especializados siguen funcionando en el californiano Silicon Valley mientras el miedo a la burbuja de valoraciones en la neoyorquina Wall Street, especialmente en las compañías de la denominada nueva economía, hace cada vez más difícil el cierre de operaciones al precio previsto por las corporaciones que se lanzan a ellas. Un miedo al pinchazo que ya identifican ocho de cada diez gestores de carteras en todo el mundo, según los datos más recientes recopilados por Bank of America y que, en lugar de apetito por las benjaminas del parqué, están generando una de las mayores rotaciones de posiciones hacia fuera de EEUU de los últimos 20 años.
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