Rubalcaba y Tomás Gómez escenifican su acuerdo de paz

El candidato del PSOE a las elecciones generales, Alfredo Pérez Rubalcaba, y el líder del partido en Madrid, Tomás Gómez, han decidido fumar la pipa de la paz y dejar a un lado sus sonadas diferencias para pelear juntos por evitar que el PP llegue a La Moncloa o, como mal menor, maquillar la derrota de los socialistas. De esta forma, el cabeza de lista socialista abrirá la campaña electoral el próximo jueves en un acto en Alcalá de Henares en el que compartirá escenario con Gómez. Lejos quedan ya los días en los que la tensión era la nota predominante en sus relaciones.

Tras año y medio de continuos enfrentamientos, la más que probable victoria del PP en las urnas, según todos los sondeos, ha hecho que Rubalcaba y Gómez olviden su tormentosa relación y remen en la misma dirección por el bien del PSOE. El primer paso que se han fijado ambos será tratar de movilizar, desde la misma noche en la que empieza de manera oficial la recta final a esta cita en las urnas, al tradicional electorado de izquierdas que hay en los municipios de la periferia de Madrid. Para ello, el candidato y el líder del PSM protagonizarán un mitin mano a mano en Alcalá de Henares, localidad en la que la suma de los votantes socialistas y de IU en anteriores comicios generales supera al PP.

La colaboración entre ambos no se quedará aquí, ya que varios son los mítines que se van a anunciar próximamente en los que los nombres de ambos comparten cartel. No hay más que recordar que el propio Rubalcaba se presenta en la lista al Congreso por Madrid, dónde Gómez es el líder del partido. A esto hay que unir que en su apuesta por la Educación y la Sanidad públicas ha encontrado en la gestión de ambos sectores llevados a cabo por Esperanza Aguirre el claro ejemplo de lo que prepara Rajoy para todo el país: dar prioridad al sector privado.

Con la imagen de ambos socialistas de la mano en un acto del PSOE se deja de lado un largo listado de encontronazos que se iniciaron el verano del año pasado cuando Ferraz se preparaba para las elecciones autonómicas del mes de mayo. El tradicional descanso veraniego se vio truncado por la decisión de la dirección nacional del partido, con Rubalcaba a la cabeza, de que la rival de Esperanza Aguirre en las urnas fuera otra mujer con experiencia en la política de Madrid como Trinidad Jiménez. Un plan ante el que Gómez se rebeló y, por la mínima, salió victorioso en unas primarias tras las que se premió a Jiménez con un traslado del Ministerio de Sanidad al de Exteriores.

El último capítulo en esta enemistad ha sido la configuración de las listas con las que el propio Rubalcaba se presenta. Una amenaza de tormenta que al final se quedó en un mero nubarrón.