Ramón Jáuregui, eurodiputado socialista

Ramón Jáuregui, eurodiputado del Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas
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«No quiero un socialismo que aglutine a ‘la verdadera izquierda’ pero sea incapaz de ganar elecciones» Ramón Jáuregui, diputado del Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo, cree que la solución a la crisis que atraviesa la UE es avanzar hacia unos Estados Unidos de Europa y que retroceder en integración supondría ‘estrellar el avión’

Ramón Jáuregui, diputado del Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo, cree que la solución a la crisis que atraviesa la UE es avanzar hacia unos Estados Unidos de Europa y que retroceder en integración supondría ‘estrellar el avión’Tras una dilatada trayectoria política en la que ha sido ministro de la Presidencia en el último Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, Vicelehendakari y Consejero de Justicia, Trabajo y Seguridad Social del Gobierno Vasco, o diputado a las Cortes Generales, Ramón Jáuregui resultó elegido eurodiputado en la elecciones de julio de 2014. Un puesto que ya ocupó entre 2009 y 2010 y desde el que en, esta ocasión, desempeña la co-presidencia de la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana.
 
Por ello, la suya resulta una opinión privilegiada para analizar la situación que atraviesa la Unión Europea, caracterizada por las múltiples crisis que ésta parece incapaz de solucionar así como por el auge del sentimiento antieuropeo entre su opinión público y de los partidos euroescépticos.
 
Sin embargo, para este político socialista parece ser buena la máxima de que bajo toda crisis existe una oportunidad y considera que la respuesta ante este panorama solo puede ser más Europa. Ramón Jáuregui analiza para El Boletín algunos de los ejes por los que podría discurrir esa alternativa de mayor integración, mientras participa en una jornada que aborda el nuevo impulso que han tomado las negociaciones entre la UE y Mercosur.  
 
– Existe cierto consenso en que estamos ante una caída generalizada del sentimiento europeísta. Recientemente usted ha defendido medidas que podrían servir para paliar esto como que la Comisión Europea publicase las cifras que Apple le debe a España. ¿Qué más medidas en esa dirección se deberían impulsar desde Bruselas? 
 
– Europa tiene que hacer las cosas que afectan a los ciudadanos y que dependen de ella. Por tanto, resolver bien los problemas de los ciudadanos. Por ejemplo, este es uno de ellos: si las empresas no pagan los impuestos donde operan, Europa tiene que asegurar que la Justicia fiscal se aplique. Esto es Europa. Pero también lo es la que hace acuerdos comerciales, la que invierte a través del Plan Juncker, o la que asegura que la gobernanza de la moneda común sea sostenible. Europa es todo eso. 
 
Creo que lo que hay que hacer es también acabar con el discurso derrotista y pesimista que se ha instalado en la UE. Siendo consciente de que hay una crisis polifacética en la Unión, tenemos que ser capaces de ir dando pasos adelante porque Europa se ha ido construyendo siempre a golpe de crisis. Lo que hay que hacer es ser capaces de resolverla. Yo soy de los que creen que Europa es un avión en vuelo y que volver atrás sería estrellarse. Tiene que aterrizar el avión en un estado federal probablemente y hay que seguir avanzando en esa dirección. 
 
– ¿Pero cómo se puede avanzar en esa dirección, cuando hay una divergencia de intereses? Por ejemplo, tres de los cuatro principales partidos irlandeses se oponen a la convergencia fiscal…
 
– Claro, porque defienden interese nacionales y ese es el gran problema que está atravesando Europa en muchos aspectos. Ha vuelto una tentación nacionalista pensando que en el marco de tu propio Estado-nación puedes resolver mejor las cosas. Pero este ventajismo, esta deslealtad, en materia fiscal de Irlanda como fueron también los ‘tax rulings’ de Luxemburgo son inadmisibles en un mercado único y en una moneda común.
 
Entonces hay que combatir todo esto con un discurso europeísta que ponga en evidencia que la nacionalización de las políticas nos lleva al desastre porque así no vamos a solucionar los problemas. Por ejemplo, la fiscalidad no se soluciona intentando aprovecharse de los demás Estados porque entonces todo el dinero acabaría en un paraíso fiscal. Se arregla con una gobernación internacional justa de la fiscalidad, en lugar de acogiéndome a ventajas locales. Y lo mismo cabe decir del cambio climático o de la lucha contra el terrorismo o de los acuerdos comerciales con grandes espacios. Necesitamos una Europa fuerte para poder construir el futuro: ese es el relato europeísta.

– Sin embargo, podría parece un tanto contraintuitivo que frente a demandas de mayor soberanía, la respuesta de Europa sea que es necesario ceder más soberanía…
 
– La pregunta es si se va a solucionar la desigualdad poniéndose en contra de cualquier acuerdo comercial, volviendo a la autarquía por así decirlo. «Cierro las fronteras, no permito el libre cambio de mercancías, de personas»… ¿es posible eso en el S.XXI, con la Red? ¿Es posible contemplar el crecimiento de las empresas si las limitamos a espacios nacionales?
 
Hay que combatir el mensaje falsario de que cerrándose a todo, se van a solucionare los problemas. Yo admito que tenemos dificultades para gobernar la globalización, pero el discurso de Le Pen de «fuera del euro, cerrar fronteras y Francia para los franceses» como solución a los problemas es mentira. Quiero combatir ese discurso.
 
– Y más allá del relato, ¿no sería necesario ofrecer soluciones a los malestares concretos?
 
– También. La gobernación europea tiene que dar respuesta a problemas que mucha gente tiene. ¡Qué está expresando y qué son verdad! ¿Hay un ‘dumping’ social en la globalización que perjudica a Europa? Clarísimamente; pero llevamos 20 años así, devaluando nuestros marcos sociolaborales porque 1.000 millones de personas que no trabajaban hace 25 años, ahora producen. Entonces, tienes que adaptarte a ese mundo. Lo que tenemos que hacer es una Europa fuerte que defienda el modelo de bienestar que tenemos nosotros en todo el mundo. 
 
Y así podríamos seguir con todos los problemas porque yo admito que ha habido más desigualdad en las sociedades occidentales, aunque ha avanzado tremendamente la igualdad entre los Estados del mundo. Pero dentro de las sociedades occidentales hay una peligros destrucción de las clases medias. Tenemos que asegurar que ese ‘dumping’ social no destruye más el contrato sociolaboral que teníamos. Pero eso solo se puede hacer desde Europa, no cerrándose a Europa.

– En este sentido, ¿cree que la iniciativa de una suerte de ‘protoejército’ europeo que lanzó Juncker en su discurso del Estado de la Unión, es una de las demandas de la opinión pública europa?
 
– Pero ya desde el año 54, cuando los padres fundadores crearon la Unión pensaron en un ejército europeo. Y, desde luego, una unidad militar sería muy provechosa para producir grandes sinergias incluso para favorecer la industria militar europea. Yo creo que es una de las cosas pendientes si va unida a una política internacional común. El mundo está cambiando mucho y los EE.UU. han dejado de ser el agente del mundo, la fuerza operativa que entra en los conflictos y los arregla con sus ejércitos. Entonces, Europa tiene que ser capaz con una fuerza militar de intervenir en los conflictos que le provocan distorsiones o peligros inmediatos. En ese sentido, a mí la unidad militar me parece muy interesante; aunque, por supuesto, hay más urgencias.

– Dicha iniciativa se ha vinculado con la salida de Gran Bretaña de la Unión, ya que siempre habían sido un país especialmente reticente. Respecto al Brexit, ¿cree que será un proceso de salida rápida o lento? e ¿irreversible?
 
– Creo que hay que esperar. Tenemos que ser prudentes. No depende de nosotros que Reino Unido aplique el Artículo 50. Creo que hay que dejarles que maduren su propio conflicto interno, porque tienen una enorme divergencia interior y una enorme complejidad para esta negociación. Soy partidario de que cuando comience la negociación, negociemos firmemente. Reino Unido tiene que ser consciente de que su opción tiene profundos inconvenientes y eso es bueno que los ingleses lo administren ellos solos.
 
Ahora bien, la negociación de salida seguramente va a estar acompañada de un acuerdo de futuro con ellos. Ese acuerdo de relaciones entre Europa y Reino Unido fuera de la Unión, es para mí el aspecto más importante porque va a definir el marco de relación que pueda tener Europa con otros países que no están dentro de la Unión, pero que quieren participar en el mercado europeo y que Europa tienen necesidad de tener cerca. Esto implicará compromisos mutuos. Creo que el futuro de Europa camina en esa dirección: en la consolidación de un núcleo fuerte del euro, de una Europa más potente en su núcleo; pero con un acuerdo de cooperación económica y política estrecha con muchos otros países. Eso pondría fin a la Europa ‘a la carta’ dentro de la UE, institucionalmente seríamos un bloque mucho más solido, más Estados Unidos de Europa y tendríamos alrededor un marco de relación con nuestros vecinos más estrechos.

– Aprovechando el tema británico, ¿Cuál es su opinión sobre la crisis existencial que atraviesa el laborismo que, en cierta forma, es similar a la de la socialdemocracia europea?  
 
– Me parece bastante preocupante lo que está pasando en el Reino Unido en general y en el laborismo en particular. Creo que Corbyn representa un socialismo antiguo. Que su radicalidad en muchos aspectos es comprensible; pero es demasiado retórica y poco sustentada en propuestas políticas concretas. Preferiríra un laborismo más moderno, más capaz de obtener mayorías. Yo no quiero un socialismo ni en Reino Unido, ni en España ni en ninguna parte capaz de aglutinar digamos «la verdadera izquierda», pero incapaz de ganar las elecciones. Yo quiero un socialismo de mayorías porque la socialdemocracia tiene que ser transformadora a través del Boletín (Oficial del Estado) y hay que ganar las elecciones. Eso implica una adaptación a los tiempos que la izquierda tiene que realizar. 
 
– Cerremos con el motivo de la jornada de hoy ¿Cómo se pueden paliar las consecuencias negativas del Acuerdo con Mercosur para ciertos sectores? ¿Basta para compensar con los efectos positivos sobre el resto?
 
– Un acuerdo con Mercosur tiene que tener protección para los sectores más afectados; en concreto para el del vacuno y el de agricultura, y en este último para el cereal, sobre todo. Creo que es necesario un marco de protección, aunque sea temporal. Sabiendo que en ese terreno las exportaciones de Mercosur pueden ser importante, yo soy partidario de darle un horizonte temporal de como mínimo 10 años para ir avanzando en ese terreno.  
 
Pero la dimensión de lo que está en juego en el resto de los espacios con las dos grandes áreas industriales de América Latina, que son Brasil y Argentina, junto a Mëxico, es enorme. Hay multitud de empresas españolas y europeas que necesitan este marco de relación. Esas empresas también tienen muchos trabajadores españoles que tienen interés en que esto funcione. En términos objetivos, el acuerdo es muy, muy importante para nosotros. Quizás más para América Latina; pero en términos históricos y de perspectiva creo que es un acuerdo que tenemos que realizar con las debidas protecciones de los sectores afectados.