El año en el que los Ruiz-Mateos volvieron a dejar tirados a los compradores de sus pagarés

El año que está a punto de acabar no será uno de los más felices que han vivido los Ruiz-Mateos. La caída de su nuevo imperio, de la Nueva Rumasa, y el revuelo mediático que ha provocado el entramado empresarial y las dudosas operaciones que había montado la familia jerezana para financiar sus empresas se ha convertido, sin duda, en una de las noticias más seguidas del 2011. Así ha sido el principio del fin del segundo imperio de José María Ruiz-Mateos.

Uno de los años más duros para España debido a la crisis económica también se dejó notar, desde bien temprano, en Nueva Rumasa. Los primeros problemas en el pago a los trabajadores y proveedores del grupo salieron a la luz el pasado mes de febrero, algo que el patriarca de la familia, acompañado de sus seis hijos varones, achacó a cuestiones puntuales en la primera rueda de prensa que concedía en diecisiete años. Un encuentro en el que además anunció que diez de las empresas del ‘holding’ (Clesa, Garvey, Hotasa, Dhul, Elgorriaga, Hibramer, Trapa, Carcesa, Quesería Menorquina y Rayo Vallecano) se encontraban en situación preconcursal.

Este anuncio hizo saltar las alarmas y con él comenzó la vorágine informativa sobre las actividades de Nueva Rumasa, que según la propia familia había conseguido captar 140 millones de euros gracias a los 5.000 inversores que habían confiado en sus emisiones de pagarés. El patriarca de la familia, además, dejó una frase para el recuerdo: “Si no pago, me pego un tiro”.

Con el entramado empresarial desmoronándose poco a poco, menos de un mes después, concretamente el 15 de marzo, llegó la declaración voluntaria en concurso de acreedores de Dhul, tras la que el juez suspendió las facultades de gestión y disposición de la familia Ruiz-Mateos, una medida que se repetiría en la mayoría de los concursos de las sociedades de Nueva Rumasa.

También ese mes se acogieron a la situación concursal Carcesa, propietaria de Apis y Fruco, e Hibramer, firma productora de piensos, huevos y derivados. Y en abril llegarían los concursos voluntarios de Cacaolat, Elgorriaga, Quesería Menorquina (que los Ruiz-Mateos compraron a la estadounidense Kraft Foods en 2009), y de las cinco bodegas de Nueva Rumasa en el Marco de Jerez (Complejo Bellavista, Zoilo Ruiz-Mateos, Valdivia y Teresa Rivero), que acumulaban una deuda conjunta de 231 millones de euros.

El desplome de Nueva Rumasa era algo inevitable, ya que los problemas de financiación del grupo hacían que la cascada de concursos fuera incesante. Y no sólo eso. También se empezaron a conocer con más detalle los ‘tejemanejes’ realizados por la familia jerezana para mantener a flote su imperio, algo para lo que recurrieron a las emisiones de pagarés que afectaron a numerosos inversores.

Precisamente por ello, un grupo de acreedores del grupo representados por el despacho Martínez-Echevarría, Pérez y Ferrero Abogados presentaron en mayo una querella ante la Audiencia Nacional contra la familia por presunto fraude en las emisiones de pagarés realizadas por trece empresas del grupo. Una querella que fue admitida a trámite por el juez Pablo Ruz sólo un mes después, el 3 de junio.

El primer semestre del año cerró también con la declaración en concurso voluntario de acreedores de Clesa, que acumulaba un pasivo de 1.112 millones de euros, y de Trapa, que se habían producido en el mes de mayo. A finales de junio, el Rayo Vallecano se unía a la lista de firmas de los Ruiz-Mateos acogidas a la antigua suspensión de pagos.

La familia, que llevaba meses intentando salvar su segundo imperio, encontró en septiembre una solución con la venta de Nueva Rumasa a Back in Bussiness, grupo del valenciano Ángel de Cabo, especializado en liquidaciones y reestructuraciones empresariales. La operación se cerró, según las primeras informaciones, por el valor de la deuda del grupo de los Ruiz-Mateos, cifrada en 1.500 millones de euros, aunque poco después se supo que sólo se había pagado la cifra simbólica de 19 euros.

No obstante, el proceso judicial ya se había iniciado, y en octubre el patriarca, su esposa Teresa Rivero, sus seis hijos varones y uno de sus sobrinos, Zoilo Pazos Jiménez, involucrado también en el entramado empresarial, acudieron a declarar a la Audiencia Nacional para explicar su gestión en el grupo. Un momento en el que, a pesar de la irremediable situación en la que se encontraban sus empresas debido a la conducta de la familia, el patriarca no tuvo reparos en afirmar que se sentía “feliz, orgulloso y satisfecho” de su obra y que volvería a crear un imperio como el de Nueva Rumasa.

Aunque todavía quedan muchas cosas por aclarar respecto al grupo y a la gestión de la familia, un informe elaborado por la Fiscalía Anticorrupción dentro de la causa que instruye la Audiencia Nacional por presunta estafa contra los Ruiz-Mateos arrojó el pasado 14 de diciembre algo de luz al caso. Concretamente, este documento señalaba que Nueva Rumasa captó 385 millones de euros de 4.110 inversores con los pagarés emitidos por las empresas del grupo, de los que aún queda por devolver 289 millones, que representan el 75% de lo captado entre capital, principal e intereses.