La volatilildad de los mercados financieros, elemento distorsionador de los precios de la energía

“Los inversores han empezado a sentir interés en mercancías no financieras para diversificar sus carteras y, recientemente, en productos energéticos”, lo que supone una menor concentración horizontal pero también “genera un problema de volatilidad”, ha indicado Alberto Lafuente, presidente de la Comisión Nacional de la Energía (CNE).

Durante su intervención en la presentación del estudio “Los nuevos mercados energéticos” de la Fundación de Estudios Financiero (FEF) en Madrid, Lafuente ha señalado que, en la actualidad, “la interrelación entre mercados energéticos y mercados financieros es intensa”.

Según han destacado los directores del estudio, Claudio Aranzadi y Miguel Ángel Lasheras, los cambios de regulación y normativos que se han producido desde los años 80 en el sector de la energía tanto en EEUU como en Europa han permitido la aparición de nuevos mercados competitivos de contado y de productos derivados, que aportan información acerca del valor que la energía tiene para la demanda.

La actividad financiera en estos mercados energéticos es elevada, aunque a la luz de las investigaciones realizadas, los ponentes consideraron que la relación oferta demanda sigue aportando un gran poder explicativo del precio, si bien no todo.

Esta idea explicaría, por ejemplo, la burbuja del petróleo de 2008 en EEUU a pesar de la recesión, que se debió “no sólo a los fundamentales, sino a un fenómeno especulativo”. Según ha matizado Aranzadi, el 53% de la evolución de los precios de crudo puede explicarse por los inventarios, pero la actividad financiera medida a través de las posiciones largas de inversores no comerciales fue el segundo factor explicativo más importarte, con un 20%.

“La sensibilidad de la actividad empresarial a variables como el tipo de interés, la prima de riesgo y el acceso al crédito es fundamental para determinar el valor añadido de productos energéticos”, ha añadido Lasheras.

También ha señalado que los mercados de futuros y derivados tienen la doble misión de ofrecer aprovisionamiento a corto plazo y cobertura frente a riesgos en los precios en un mercado energético, en el que desde los años 80, los precios ya no están regulados, sino que se guían por nuevas señales de demanda, y están sujetos a volatilidad a corto plazo.

Si no existiese el mercado de futuros, “los precios establecidos por costes no serían tan volátiles ni tan atractivos para los especuladores”, ha reseñado Lasheras, pero “no dispondríamos de tanta información acerca del valor real que la demanda da a la energía”.

Por tanto, y para corregir la volatilidad que la interrelación entre mercados genera, los estudios concluyen que cualquier marco normativo para la energía debe afrontar la necesidad de regular los mercados de futuros, de modo que haya un equilibrio entre inversores coberturistas y especuladores, se eviten las asimetrías informativas y se eludan los conflictos de interés.