El príncipe ‘cumpleañero’ lo va a tener crudo para ganarse el puesto

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La imputación en el ‘caso Nóos’ del secretario de las Infantas, Carlos García Revenga, que ha coincidido con el cumpleaños del Príncipe, ha sido uno de los asuntos más comentados en las tertulias. En la SER, Carlos Cué advirtió que don Felipe “heredará la corona en una situación de debilidad histórica de la institución y tendrá que ganarse el puesto con mucha presión de grupos sociales que aboguen por la república.

Pepa Bueno abría del debate haciendo notar que “el príncipe cumple hoy 45 años, en el momento más grave que afronta la casa Real desde 1978” y preguntaba ¿qué debería hacer la Casa con un funcionario de confianza que ha sido imputado?

Cué considera que “es evidente que si el objetivo es recuperar algo de imagen que se está perdiendo a chorro tendrán que tomar una decisión drástica”, por lo que le “sorprende lo que tardan en contestar, la lentitud de los tiempos con los que responden las instituciones”.

Carmen Morodo  cree que “lo importante es la institución, y todas las decisiones que adopte la Casa Real tienen que tenerlo en cuenta, por encima de relaciones personales” haciendo hincapié en que  “si en 2006 se hubiera reaccionado con contundencia no habría estos problemas”.

Aclaró que “quien lo está moviendo todo es Diego Torres, que no quiere separarse de su socio en el momento de asumir responsabilidades, pero en lo que afecta al secretario de las infantas, creo que hay suficiente confianza como para saber si es inocente o no y en función de ello tomar una decisión inmediata.

Josep Ramoneda  señaló que si la confianza realmente existe, lo más lógico sería que él se apartara voluntaria y discretamente.

Denunció este tertuliano que “la monarquía ha perdido la imagen mágica desde el caso Urdangarin, es sólo una institución más, pero es endogámica y confunde familiaridad con protección” y recordó que “el único criterio que legitima la monarquía es la utilidad”. “Tiene que saber cómo ser útil sin molestar, pero no lo está logrando, y si no lo hace, está condenada a desaparecer”.

Morodo  reconocía que ahora “es más difícil mantenerse en el trono porque ahora hay una fiscalización de la sociedad que antes no existía. El papel transcendental del Rey se puede mantener, se hereda la corona pero no el cariño del pueblo; para ello es clave la transparencia, hay que regular con eficiencia las funciones de los miembros de la Casa Real”.

Cué  hizo notar que en España no se contempla la abdicación pero  tampoco se reglamenta el papel del príncipe. “Es una persona importante de la política española y no tiene un papel reglamentado”. Y advirtió que “la enorme opacidad alrededor del dinero que se le dedica y cómo se gasta, no se corresponde con el siglo XXI y es perjudicial para sus intereses”.

Ramoneda sostuvo que esa opacidad va con la institución, y por eso es incompatible con la democracia actual, aunque Pepa Bueno no estuvo de acuerdo y aclaró que “en Europa hay muchas monarquías parlamentarias más transparentes y perfectamente compatibles con la democracia”.

Cué alerto de que “el príncipe heredará la corona en una situación de debilidad histórica de la institución y tendrá que ganarse el puesto con mucha presión de grupos sociales que aboguen por la república”. “En esas circunstancias, la transparencia le favorece”, concluyó.