El Banco Central de Brasil reitera sus advertencias sobre la euforia inversora en el país

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El presidente del Banco Central de Brasil, Henrique Meirelles, ha tenido que salir de nuevo a la palestra para advertir sobre los problemas que podría desencadenar el «exceso de optimismo» de los inversores en los mercados financieros del país, que ha hecho que la Bolsa se revalorice un 48% en lo que va de año.

El PER (número de veces que el beneficio está contenido en la cotización) del índice Bovespa se ha disparado hasta las 23,23 veces, máximos de cinco años y muy por encima del PER de 17,59 del índice MSCI Emerging Market. La perspectiva de que las acciones de este mercado estén sobrevaloradas podría pasar, a juicio de Meirelles, una seria factura en el corto plazo.
Meirelles teme que la euforia de los inversores se traslade en una huida del capital en los próximos meses, si la economía brasileña no sigue dando muestras de fortaleza. «Los inversores y las empresas en el pasado han sufrido grandes pérdidas a causa de un exceso de euforia», sentenció Meirelles.

Hace tan sólo unos meses, el organismo monetario también tuvo que advertir sobre la espectacular revalorización que experimentó el real en los primeros meses del año. Una situación que podría desencadenar una nueva crisis por las pérdidas en el mercado de derivados, como la que afectó a empresas como Sadia o Aracruz, con fuertes pérdidas por sus malas apuestas en el mercado de futuros de divisas.

Pero parece que las advertencias no causan el efecto deseado. De hecho, y según los analistas consultados por este diario, una nueva muestra de que la «brasilmanía» está lejos de acabarse, es el resurgir que está experimentando la industria de los hedge funds en el país carioca.

Estos instrumentos han atraído 4.520 millones de dólares sólo en el mes de julio, el mayor flujo mensual de este año. Con esta cifra, los hedge funds han conseguido recuperar todas las pérdidas sufridas a lo largo de 2009, según datos de la Asociación Nacional de Bancos de Inversión recogidos por Bloomberg.

Lo cierto es que aunque Meirelles quiera imponer la prudencia anticipándose a la huida del capital golondrina, como ya ha ocurrido en otras ocasiones, la economía brasileña ya ha empezado a mostrar signos de mejora. La confianza de los consumidores subió en julio a su cota más alta desde septiembre de 2008, según la Fundación Getulio Vargas. En junio, el desempleo disminuyó inesperadamente y la producción industrial aumentó por sexto mes consecutivo.

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