Florentino Pérez ‘tropieza’ en Latinoamérica

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Los mundos del deporte y el empresarial nunca estuvieron tan cerca como en el caso del presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. El flamante directivo del club más rico del mundo según un estudio de la firma Deloitte, ha gastado más de 200 millones de euros en fichajes estrella para la próxima temporada. Y los que vendrán. Pero ni siquiera la euforia madridista y los gritos por ver a Cristiano Ronaldo vestido de blanco pueden acallar la difícil situación por la que pasa actualmente, al menos en Latinoamérica, la otra cara del empresario, la de presidente de la constructora ACS.

Nadie puede negar que los negocios en el Club blanco van viento en popa para el empresario madrileño. No es para menos. Según el estudio Football Money League elaborado por la firma de servicios profesionales Deloitte, que analiza la facturación de los 20 primeros clubes del mundo, según la información financiera correspondiente a la temporada 2007-2008, el Real Madrid facturó el pasado año 365,8 millones de euros, un 2% más que en el ejercicio anterior.

Con estas cifras, Florentino sigue defendiendo a capa y espada los 96 millones de euros pagados por Cristinao Ronaldo, para conseguir, según sus propias palabras en la toma de posesión, un «equipo espectacular, con grandes jugadores». Una semana después, el 8 de junio, cerraba el traspaso de su primer ‘nuevo galáctico’, Kaká, pagando 65 millones de euros a su anterior equipo, AC Milán, propiedad de Silvio Berlusconi. Luego vendrían Albiol y Benzemá, y aún se espera una lista de nombres y presentaciones, que en ningún caso llegarán al tirón del portugués.

Muchos millones de euros que el directivo recuperará con poco esfuerzo en publicidad de los galácticos. Algunos observadores, algo malintencionados, consideran que la euforia de Pérez por su faceta deportiva ha ensombrecido su gestión al frente de una de las mayores constructoras españolas, con fuerte presencia en Latinoamérica.

No le va bien a ACS en la región. Esta misma semana se conocía el fracaso de la compañía en su intento por hacerse con la ampliación del Canal de Panamá, que finalmente se ha llevado el consorcio liderado por la también española Sacyr Vallehermoso.

Pero el principal problema que acecha a la compañía es el fin de uno de sus proyectos más ambiciosos en la región, el de la planta de tratamiento de aguas residuales Taboada en Perú, que gestiona su filial Cobra-Perú, presidida por Fernando Sánchez de Lamadrid.

Las relaciones de la compañía con el Gobierno peruano ha alcanzado un punto de máxima tensión, y la española ACS evalúa denunciar a la Administración de Alan García por un supuesto incumplimiento del convenio bilateral de protección de inversiones al negarse a firmar el contrato de la concesión ganada para la construcción de la planta de Taboada.

La compañía ganó la concesión para el diseño, construcción, operación y mantenimiento de la planta en el puerto del Callao. Sin embargo, el Gobierno peruano aprobó el viernes pasado un decreto de urgencia por el cual anulaba el proceso de concesión con el argumento de que no se observó correctamente el reglamento nacional de edificaciones ni los estándares nacionales de calidad ambiental del agua, entre otras normas.

ACS considera que la inversión está protegida bajo un convenio bilateral de protección de inversiones suscrito entre Perú y España. Desde la compañía han asegurado que si finalmente la inversión se frustra, los abogados de la empresa llevarán el caso ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi) del Banco Mundial.

Con este panorama, y a la espera de lo que tengan que decir los Tribunales, parece muy complicado, de momento, que la constructora pueda quedarse con este importante proyecto.

La planta de Taboada tendrá capacidad para tratar 14m3/s y comprende el tratamiento de las aguas residuales del Interceptor Norte de Lima, del Colector Comas-Chillón y de la línea de impulsión Sarita Colonia, así como la disposición final del liquido ya tratado. Gracias a esta iniciativa se pondrá término al vertimiento directo de ocho colectores primarios que actualmente descargan al mar y al río Rímac.

La concesión a 25 años para diseñar, construir, operar y mantener la planta contempla una inversión de unos 356 millones de dólares. Sólo un poco más de lo que Florentino aspira a gastarse este año en fichajes.

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