La jueza española en el Tribunal de Derechos Humanos vincula homosexualidad y enfermedades

María Elósegui, jueza española del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo
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Cuando estábamos todos tan contentos por el hecho de que España tuviera por primera vez a una mujer como representante en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos resulta que salen a la luz informaciones preocupantes sobre esta jurista, María Elósegui, quien –según eldiario.es- ha vinculado homosexualidad y enfermedades en entrevistas, libros y artículos.

Asegura el digital que dirige Ignacio Escolar que la catedrática de Filosofía del Derecho María Elósegui nueva jueza española del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo (TEDH), incluso ha defendido en sus escritos que los transexuales deben someterse a terapias “psicológicas y psiquiátricas”.

Explica el citado medio online que la doctrina de Elósegui aparece desarrollada en el libro Diez temas de género: hombre y mujer ante los derechos reproductivos, publicado en 2002, y a lo largo de numerosas entrevistas y textos de opinión (algunos muy recientes) difundidos por revistas y diarios de ideología conservadora.

Y revela que en una entrevista difundida por el portal almudi.org, vinculado al Opus Dei, para analizar el contenido de uno de sus libros, Elósegui llega a la conclusión de que los homosexuales acaban desarrollando distintas patologías sin ningún tipo de duda: “Para muchos, el sexo biológico y el género, es decir los roles sociales, no están relacionados, de manera que podríamos construir nuestra identidad sexual al margen o de espaldas a nuestro sexo biológico. En el libro vemos cómo esa construcción de la identidad sexual al margen del sexo biológico es factible debido a la libertad humana y a que los seres humanos no estamos determinados por la biología. Pero el que lo podamos hacer (siempre dentro de unos márgenes, ya que no podemos cambiar nuestro ADN masculino o femenino), no quiere decir que el saldo sea positivo, sino que afectará a la construcción de la personalidad. De manera que el resultado no es indiferente. Quienes construyan y realicen su comportamiento sexual de acuerdo a su sexo biológico desarrollarán una conducta equilibrada y sana, y quienes se empeñen en ir contra su biología desarrollarán distintas patologías. Eso está claro”.

Eldiario.es también recela que Elósegui, que según ella misma ha escrito no se manifiesta “explícitamente y como punto de partida en contra de la ideología gay”, también se ha posicionado en contra de que se llame matrimonio a las uniones entre homosexuales. Lo hace en una larga disquisición sobre el derecho civil, en el que según ella, también “ha penetrado la ideología liberal”.

Además, el diario afirma que en otro artículo publicado en el diario El Comercio de Perú el 26 de mayo de 2014, Elósegui duda de que las cirugías pagadas con dinero público sean la mejor salida para una persona transexual y desliza como solución “las terapias psicológico-psiquiátricas” apoyándose en la supuesta existencia de “numerosas revistas científicas” que así lo defienden.

Otro ejemplo del pensamiento de esta jurista lo encuentra el digital en el libro titulado El rostro de la violencia. Más allá del dolor de las mujeres, publicado en 2002 por la editorial Icaria, en el que la nueva jueza del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo escribe un capítulo junto a la catedrática Carmen Marcuello, en el que alude a “numerosos estudios [que no detalla] sobre la conducta homosexual, que como se sabe es mucho más compulsiva y lleva, a pesar de la gran necesidad afectiva de estas personas, a tener un elevado número de parejas, hasta el punto de que el conocido sociólogo homosexual alemán Danneccker ha escrito ‘La fiel amistad homosexual es un mito’’”.

Subraya eldiario.es que “la catedrática elegida para mandar al Tribunal de Estrasburgo ha expuesto estas ideas públicamente durante las últimas tres décadas” y desvela que en un artículo que escribió en 1995 titulado Dos sexos, ¿cuántos géneros? cuestionaba el derecho de las personas homosexuales a mantener relaciones libremente.

En otra columna publicada en 2003 ( La incultura no es laica), Elósegui afirma: “No es cierto que el hecho de que el aborto sea ilegal implique más muertes de mujeres por abortos clandestinos. Por ejemplo, en Irlanda el aborto está prohibido y apenas hay muertes de madres por esta causa, mientras que Estados Unidos, donde el aborto es legal, registra las cifras más altas de muertes por complicaciones del aborto”.