Holanda, el único país capaz de marcarle el ritmo a Alemania

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Holanda es un país pequeño que cuenta con menos de 17 millones de habitantes (Alemania tiene más de 81 millones). Sin embargo, Holanda también es de los pocos países capaces de marcarle el ritmo al motor centroeuropeo, algo que ni siquiera puede hacer con facilidad Washington. ¿Cómo lo consigue?

Los motivos son, principalmente, dos. El primero es que Holanda, aunque pequeño, es un país de peso dentro de la zona del euro porque aún mantiene la máxima calificación crediticia. Sumado a ese hecho está el que sus líderes y su población simpatizan con la visión alemana de la crisis, que se resume en que los países periféricos tienen la culpa de todo y por eso deben ahorrar más y pedir menos.

Es decir, que cuando la canciller alemana, Angela Merkel, sale con el látigo en la mano a proponer nuevos recortes para los griegos, los portugueses, los italianos o los españoles, puede afirmar que no está sola y que no busca con ello el beneficio de su país. Holanda estará de su parte. Holanda sirve para justificar que las acciones de Merkel son planteadas pensando en Europa y no exclusivamente en Berlín.

El segundo motivo -pues el primero también lo comparte Holanda con otros países como Finlandia- es que los holandeses son unos aliados comerciales importantes para el motor centroeuropeo; en 2010 las exportaciones desde este país hacia Alemania alcanzaron los 90.000 millones de euros. En dirección contraria, el intercambio también es «enorme», en palabras del ministro de Finanzas holandés, Jan Kees de Jager.

Y para demostrar esta teoría, un ejemplo que ha explicado este miércoles la agencia Bloomberg: la implicación del Fondo Monetario Internacional (FMI) en el rescate del euro se debe a las presiones que Holanda ejerció sobre Alemania, que a su vez presionó a una Francia que se mostraba totalmente en contra de esta alternativa (el presidente galo, Nicolas Sarkozy, llegó a afirmar que permitir ayuda externa pondría en evidencia la falta de capacidad de la región para afrontar la situación).

En cuanto a la importancia de Holanda como plaza financiera, no reside sólo en el hecho, hoy casi anecdótico, de que la Bolsa de Ámsterdam fuese la primera del mundo (fundada en 1602) en existir. Ya en tiempos recientes las autoridades holandesas han provisto a la economía del país de un atractivo para muchas multinacionales, que deciden establecerse ahí porque el impuesto de sociedades (del 25,5%) se puede eludir con relativa facilidad al permitir, la normativa holandesa, depender de otra empresa afincada en un paraíso fiscal. Normalmente las Antillas Holandesas.

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