Deutsche Telekom y Vodafone intentan “sacar tajada” de la crisis griega

Deutsche Telekom y Vodafone se han aliado para presionar a los reguladores griegos con el fin de que permitan las fusiones en compañías del sector de la telefonía móvil. Ambas compañías, cuyas pérdidas conjuntas por inversiones en Grecia suman 6.400 millones de dólares, afirman que sólo así puede ser rentable su permanencia en un mercado que afronta su quinto año de recesión.

Cabe tener en cuenta el peso de ambos operadores y el peso de sus economías matrices (Alemania y Reino Unido), por lo que parece probable que la modificación en la regulación saldrá adelante. El mercado griego, sumergido hasta el cuello en la mayor crisis de la zona euro hasta el momento, no está en condiciones de rechazar esta demanda, a riesgo de provocar una desbandada por parte de estas grandes compañías.

El operador británico es el más interesado en que se apruebe este cambio. Hace ya dos meses que Vodafone comenzó las negociaciones para combinar su división griega, el segundo operador más importante del país, con Wind Hellas Telecommunications SA. Esta fusión crearía un duopolio entre la empresa resultante y el primer operador del país, Hellenic Telecommunications Organizations SA (OTE), de la que Deutsche Telekom posee un 40%.

Por el momento, estas compañías no han llegado a un acuerdo que presentar a los reguladores para su aprobación, pero ahora, Vodafone cuenta con un nuevo aliado en esta lucha: la propia OTE.

El presidente ejecutivo de OTE, Michael Tsamaz, se postuló a favor de que los reguladores permitiesen la fusión. “Si no lo hacen, habrá una compañía más en bancarrota”, declaró en una conferencia organizada por Morgan Stanley en Barcelona. “Prefiero tener un mercado menos fragmentado, con más jugadores dominantes”, aseguró Tsamaz, que aseguró que así se crearía “un mercado más seguro a largo plazo”.

OTE registró un descenso del 10% en sus ingresos hasta septiembre, mientras que Vodafone, la mayor compañía de telefonía móvil a escala global, tuvo una pérdida total de 713 millones de dólares en su balance por su división griega. A la vista de estas cifras, los reguladores helenos tendrán que ceder si quieren que a las grandes compañías les resulte rentable seguir operando en el país.