Draghi, el hombre de Goldman Sachs, toma posesión del BCE

Mañana tomará posesión al frente del Banco Central Europeo (BCE) Mario Draghi. Un italiano. El primero de todos, pues hasta ahora este cargo lo ocupaban o franceses o alemanes. Draghi llega desde la dirección del Banco de Italia y previamente ocupó un cargo directivo en Europa para el banco estadounidense Goldman Sachs, lo que hace unos meses le convirtió en el candidato favorito de la banca de inversión para ocuparse de la autoridad monetaria europea. Los expertos creen, no obstante, que el nuevo presidente no va a romper la estrategia de crisis que ha protagonizado el francés Jean-Claude Trichet. Se espera, por tanto, que el BCE continúe con el apoyo a las deudas periféricas interviniendo en los mercados secundarios.

Tal y como afirman algunas voces del mercado, Draghi no va a tener casi tiempo para arremangarse. Si Trichet tuvo cuatro años para prepararse antes de la llegada de la crisis, el italiano apenas tendrá unas pocas horas. Va a tener que tomar decisiones con rapidez. Este jueves, tan sólo tres días después de asumir la presidencia del BCE, presidirá una reunión del consejo de gobierno sobre los tipos de interés. Los expertos creen que antes de que termine el año, el BCE podría decidir recortar el precio del dinero de forma moderada.

A Trichet se le ha criticado por cometer al menos en dos ocasiones el error de subir los tipos cuando la economía de la zona del euro empezaba a mostrar síntomas de desaceleración, fallos que el hasta ahora presidente habría intentado ocultar en un intento por salvar su prestigio. Draghi no tendría esos reparos, según dicen algunas personas que le conocen.

En cualquier caso, Draghi despierta reparos en según qué entornos. Por ejemplo, en el ambiente político europeo la militancia en Goldman Sachs es uno de los factores en contra que deberá encarar el italiano. No ha pasado desapercibido para las autoridades de la zona más fuerte del euro que el hasta ahora gobernador del Banco de Italia fue directivo de la polémica entidad estadounidense en un periodo en el cual Grecia recurrió a este gigante de Wall Street para maquillar sus cuentas, un hecho que posteriormente (a finales de 2009) ha derivado en la mayor crisis en la historia de la zona del euro.

Según un ex directivo de esta entidad, Draghi estaba al tanto de la situación, aunque ya no podía hacer nada pues llegó a su puesto poco después de que la decisión de colaborar con Atenas estuviese tomada. El gobernador del Banco de Italia ha negado ese extremo.

Tampoco le ven con buenos ojos en Alemania por una serie de razones casi personales.

En plena crisis de deuda europea, contar con un italiano al frente de la institución monetaria que tenga, además, a un portugués -Vítor Constancio- de vicepresidente, no hace ninguna gracia entre las potencias fuertes del continente, pues Italia y Portugal son de los países más endeudados de la zona del euro. Esta corriente escéptica la lidera Berlín.

Además, en Alemania ven a Draghi como sinónimo de inflación, algo de lo que ya se ha hecho eco en varias ocasiones el periódico sensacionalista más leído del país, el Bild, que afirmaba antes de verano que «la inflación es tan italiana como la pasta y el tomate». Según explicó a EL BOLETÍN un inversor centroeuropeo, los alemanes le tienen pavor a la inflación por motivos históricos.

Y por último, Angela Merkel esperaba anunciar mañana a Axel Weber como nuevo presidente del BCE, pero el ex presidente del Bundesbank renunció a sus aspiraciones de forma sorprendente hace más de seis meses.