El futuro de Irlanda, nueva prueba de fuego para el liderazgo de Merkel en la UE

Angela Merkel, canciller alemana
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Desde el pasado 1 de enero y hasta el 30 de junio de este año, Irlanda ocupará la presidencia de turno de la UE. Es el primer país 'rescatado' que ocupa este lugar y su éxito resulta vital para consolidar los planes de la canciller alemana, Angela Merkel. Tanto en Europa, como en Alemania.

Para Merkel, con elecciones en otoño, es primordial que Irlanda cierre el año con el éxito de haber sido la primera nación en la que los planes de relanzamiento económico basados en los recortes logran su objetivo. Sobre todo porque eso demostraría a los contribuyentes alemanes que la 'solidaridad' ejercida, el dinero de sus impuestos transferido tiene unos claros límites temporales. Justo lo contrario que sugiere el caso griego.

También claro, contribuiría a 'suavizar' las múltiples críticas que le llegan desde el exterior, y que quizá le importen menos, sobre los perniciosos efectos que tiene la drástica dieta de recortes económicos que se empeña en imponer a los países de la periferia de la UE y que serían más un castigo que una posibilidad real de encontrar la salida de la actual crisis económica. Así que si el plan funciona en Irlanda, al menos habría una excepción a la regla con que sembrar dudas sobre esta argumentación.

Y, de alguna forma, el futuro de la líder democristiana teutona influirá sustancialmente en las posibilidades de sobrevivir de Enda Kenny, actual primer ministro irlandés y jefe de la formación centrista Fine Gael que ejerce de alumno aplicado de Merkel y ha puesto en práctica en su gobierno de coalición con los laboristas, las duras recetas de ajuste que le imponen Berlín y Bruselas y que criticó con dureza cuando estaba en la oposición.

Pero, ¿puede tener posibilidades de lograrlo? Algunos expertos, como los articulistas de The Economist creen que sí. Que tras seis presupuestos consecutivos de recortes intensos, Irlanda puede abandonar este mismo año la tutela de los hombres de negro y dejar de ser un país del grupo de los rescatados. Todo gracias, en opinión de sus instigadores, a las duras reformas laborales que, según los críticos con las políticas de la coalición gobernante, han despojado a los trabajadores irlandeses de todos sus derechos. 

La drástica reducción de los costes laborales habría contribuido a reanimar la actividad, al menos en parte, y explicaría, según estas opiniones, que Irlanda cerrará 2011 con un crecimiento económico del 1,4% y consiguiera crecer por encima del 1% en los dos primeros trimestre del pasado año. Pura competitividad que ha convertido al país en una localización que combina las fábricas plagadas de mano de obra barata y fácil de despedir, con los servicios financieros de un paraíso fiscal y un impuesto de sociedades bajo, el 12,5%, y a la vista.

Y el poderoso atractivo que ejerce sobre las compañías internacionales que sería su mayor, y casi única, fortaleza es a la vez, el punto débil que puede hacer que toda la construcción se venga abajo. Y ya hay elementos inquientantes en el horizonte. A falta de conocer los datos de cierre de 2012, el crecimiento se mostró algo más anémico en el tercer trimestre, sólo un 0,6%, sin contar con que entre 2008 y 2010, la caída de la economía sumo un descenso del 8,8% y que nadie osa siquiera afirmar que la disciplina alemana traerá de nuevo aquellos crecimientos medios superiores al 5% anual de los años anteriores a la crisis.

De hecho, si los temores de una posible ralentización del crecimiento mundial se confirmasen, Irlanda sufriría. Y para empezar tendría serias dificultades para conseguir los objetivos de déficit fijados que sí ha cumplido en los dos últimos ejercicios, incluido 2012, al menos, según la estimación oficial del Gobierno que lo cifra ahora en el 8,2% y que, sin embargo, admite que el año próximo puede volver a elevarse hasta el 8,9% y convertir en imposible llegar la cifra del 7,5% en 2014, tal y como estaba previsto.

Pero hay algo peor. Lo que sí se ha agravado durante todo el proceso del rescate es el ratio deuda PIB que antes de la crisis, el país llego a tener en el 25%, ahora está en el 120% y amenaza con elevarse al 140% a medio plazo. Cifras insostenibles tras las cuales surgen las sospechas de que sin una 'quita' el país no podrá cumplir los compromisos con sus acreedores. Y esa posibilidad genera un fuerte incertidumbre política que aún complica más la situación.

El problema es que un tercio de la cifra corresponde a aumentos derivados de la decisión del Gobierno irlandés en 2008 de garantizar el 100% de la deuda bancaria. Lo que provocó el 'rescate' y agravó la difícil situación que ya tenía el país. Aunque algunos expertos creen que eso podría solucionarlo Merkel y que, en este caso, contaría con el pleno apoyo del Reino Unido, que también se juega mucho en el sector financiero irlandés. 

Bastaría, en principio, con que el Fondo de Rescate Permanente Europeo (ESM, por sus siglas en inglés) entrará en el capital de las entidades financieras viables y liberará de ese peso a los contribuyentes irlandeses. Para hacerlo, eso sí, Merkel tendría que eliminar de los acuerdos europeos esa cláusula que impuso y que impedía al ESM apoyar a los bancos rescatados antes de su constitución. 

Y sí lo hace, quizá España pueda beneficiarse del mismo trato. O puede que no, porque Berlín y Bruselas ya han demostrado que no tienen problema alguno en provocar agravios comparativos si eso es bueno para sus intereses particulares.