Grecia, Irlanda y Portugal intentan sacar partido del referéndum islandés

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Grecia, Irlanda y Portugal podrían utilizar el reciente referéndum islandés, mediante el cual la ciudadanía de la isla atlántica ha decidido que su país no pague lo que se le debe al Reino Unido y Holanda tras la quiebra de su ambicioso sistema bancario, para negociar mejores condiciones en los rescates financieros que Atenas y Dublín ya han recibido, y que Lisboa está cerca de obtener.

A los gobiernos de estos tres países se les ha presentado una alternativa. Una segunda línea de actuación. El único camino ya no se reduce a recibir una ayuda financiera con condiciones impuestas desde Berlín y París para sortear la crisis de deuda y poder, así, devolver el dinero que se les debe a los tenedores privados de la misma (muchos de ellos importantes bancos europeos, en especial galos y teutones). Ahora pueden esgrimir la posibilidad de acudir al pueblo y que éste decida si quizás la mejor solución pasa por la quiebra técnica y la posterior salida de la zona del euro, sin pagar nada a nadie en el proceso.

Aunque algunos expertos ya habían advertido de que esto podría tener lugar, hasta ahora no existía un precedente. Vale que Islandia no esté en el euro. Por no estar, ni tan siquiera está en la Unión Europea (UE). Pero ayer el Gobierno de Reikiavik se desentendió, tras consultar a sus ciudadanos, de las cantidades depositadas por los inversores internacionales en las arcas de los bancos islandeses que operaban en el exterior y no devolverá ni al Reino Unido ni a Holanda los 4.000 millones de euros que, supuestamente, adeuda.

La exposición de la banca alemana y francesa a la deuda de Grecia, Irlanda y Portugal es mucho mayor que esa cantidad (los bancos teutones tienen 408.589 millones de euros de exposición a estos tres países además de España, según los últimos datos del BIS). Así que ante el riesgo de que las autoridades de Atenas, Dublín y Lisboa se planten al estilo islandés, es probable que Bruselas acceda a suavizar las condiciones de los rescates ya emitidos o el que está perfilando para la economía lusa.

De hecho, el ministro de Finanzas germano, Wolfgang Schaeuble, ya ha reconocido que Atenas podría necesitar una mayor flexibilidad en las condiciones del paquete de 110.000 millones de euros que fue aprobado en mayo de 2010. O más tiempo para pagar los intereses o una bajada de los mismos.

Desde Dublín ven en esta situación una oportunidad de oro. El nuevo Gobierno irlandés, que preside el primer ministro Enda Kenny, ganó las elecciones tres meses después de que el pasado noviembre se aprobase en Bruselas la ayuda financiera para el Tigre Celta a un tipo del 6%. Una de las promesas electorales de Kenny fue la de reducir esa cifra hasta el 3,5%, como mínimo. De momento sus peticiones han sido desestimadas. Alemania y Francia quieren que, a cambio de una reducción, Irlanda reduzca su impuesto sobre sociedades, que es del 12,5%, lo que le convierte en un semi-paraíso fiscal dentro de la zona del euro restando así competitividad al resto de paises a la hora de atraer multinacionales. Pero Dublín se niega a firmar esta reducción. Tras el referéndum islandés quizás Kenny encuentre en Bruselas un auditorio más dispuesto a escuchar sus argumentos.

En cuanto a Portugal, parece necesitar entre 80.000 y 90.000 millones de euros para salir adelante. Pero hay un problema. Actualmente su primer ministro, José Sócrates, ocupa su cargo en funciones tras presentar hace unas semanas su dimisión. El próximo 5 de junio será cuando el pueblo luso elija a sus nuevos representantes. Y será entonces, dicen los expertos, cuando Bruselas se encuentre en condiciones de prestar el dinero. No obstante, y de nuevo con el antecedente que acaba de establecer Islandia, los aspirantes a la presidencia portuguesa podrían mostrarse muy exigentes a la hora de negociar las condiciones del paquete de ayudas. Sobre todo si se tiene en cuenta que estos políticas buscan el voto de una ciudadanía que está en contra de recibir ayuda internacional.

Mientras, en Alemania, el tabloide más popular del país, Bild, ha celebrado una encuesta según la cual el 90% de los ciudadanos consultados consideran que Portugal no será el último país en ser rescatado por Bruselas, y apuntan a España como la siguiente víctima de la crisis de deuda que asola la región desde finales de 2009.

Este estudio, que ha elaborado la agencia Emnid, refleja que el 50% de los alemanes apoyan un rescate financiero de Lisboa, mientras que el 45% de los encuestados se posiciona en contra del mismo. La oposición a los rescates financieros que ha remitido Bruselas ha crecido durante los últimos meses en Alemania, que tiene que poner, al ser uno de los países mejor posicionados de la región, buena parte del presupuesto de los mismos.

Poco después de que Merkel aceptase las ayudas a Grecia, su partido, la CDU, perdía las elecciones regionales de Renania del Norte-Westfalia. Y hace unas semanas los democristianos sufrían sendas derrotas en los comicios regionales celebrados en Hamburgo y Baden-Württenberg por, entre otras cosas, las ayudas enviadas a Irlanda en noviembre.

La semana pasada Bruselas aseguró que Portugal sería el último país de la zona del euro en solicitar un rescate.

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