La debilidad de Merkel agrava aún más la crisis política de la UE

Ángela Merkel, canciller de Alemania
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La debilidad interna y externa de Ángela Merkel deja a Europa sin referente político al que seguir. Bratislava albergará a partir de este viernes 16 de septiembre una Cumbre europea donde se va a reflexionar sobre el futuro, precisamente, de la Unión Europea. No son tiempos boyantes para el viejo continente, fracturado de norte a sur por la gestión de la crisis y de este a oeste por la inmigración. Europa tiene frentes abiertos en dos de sus orillas: En el Mediterráneo, donde miles de refugiados esperan a que las Instituciones europeas cumplan de una vez con su palabra, y en el Canal de la Mancha, donde la distancia que separa Reino Unido de Francia cada vez es mayor. Europa observa, además, el auge de la extrema derecha y de los gobiernos autoritarios sin tener capacidad de reacción, posiblemente porque esta sea la primera vez que Europa conduce sin nadie al volante.
 
Hasta ahora, para gusto o disgusto, Ángela Merkel era la única que poseía una brújula con la que guiar los destinos de la Unión Europea y la zona Euro. El paso firme de la Canciller alemana lideraba una fila india que no permitía ninguna vacilación. Grecia lo intentó con un referéndum, pero Wolfang Schaüble – ministro de Hacienda alemán – advirtió a los griegos de que si no aceptaban las condiciones ‘germanoeuropeas’, se quedarían solos frente al desastre. Y Atenas se plegó, con más batalla, pero con mismo resultado que gobiernos anteriores.
 
Este es un ejemplo del poder que por entonces ostentaba Merkel allá por donde pasaba. Sin embargo, aquella rigidez exhibida para con Grecia y otros países europeos ha acabado por debilitarla. La fractura social que ha generado la crisis económica, agudizada aún más por las políticas emprendidas supuestamente para mitigarla, ha sido la semilla de varios movimientos extremistas que con la ‘crisis de los refugiados’ han terminado por volverse en su contra.
 
Alternativa para Alemania es un partido de extrema derecha, racista y con mensajes anti inmigración, que ha vencido las elecciones regionales que se han celebrado en dos Estados de Alemania basándose en el odio hacia el inmigrante. El partido de Merkel, el CDU, ha quedado en tercer lugar en esos comicios, por detrás también del partido socialdemócrata y aliado de gobierno, el SPD. Este resultado es la confirmación de que Ángela Merkel es humana. Hasta ahora nada ni nadie le había torcido el gesto, llegando incluso a cotas de popularidad del 80% de aceptación. Sin embargo, la decisión de acoger a un millón de refugiados ha sido su sentencia, al haber sido utilizada por los rivales políticos en su contra. Después de los atentados de verano y algunos conflictos entre refugiados y autoridades, muchos han sido los que han usado el plan de los refugiados de Merkel como arma arrojadiza contra la Canciller. Incluso sus socios de centro izquierda la han criticado por haber acometido un plan “inviable”.
 
El debilitamiento interno ha dejado a Merkel entre dos aguas, porque para liderar Europa una debe liderar su país, y en estos momentos las dos cuestiones están, relativamente, en entredicho. La Canciller intenta recuperar el terreno perdido, defendiendo que sus políticas y el acuerdo de la UE con Turquía “ha impedido que haya muchas más muertes” en el Mediterráneo. Pero la reputación se ha debilitado.
 
Esto sucede al mismo tiempo que países como Hungría o Polonia derivan hacia el autoritarismo casi más absoluto, privando de derechos humanos a gran parte de su población. Países de la Unión Europea, que venció el Premio Nobel de la Paz hace 4 años, construyen muros para impedir el paso de quienes huyen de la guerra, como Hungría y Francia, y la Unión no dice nada como si hizo con Grecia, que amenazó con no pagar parte de la deuda ilegítima.
 
Reino Unido también lo ha construido, pero se está yendo, y por este último acto ya nadie le va a decir nada. No hay nadie que lo vaya a hacer, nadie que lidere Europa hacia un camino concreto, unido o , al menos, seductor. Si no es Alemania todos esperarían que lo hiciera Francia, pero la incapacidad política de Françoise Hollande – un “cero a la izquierda” según el NYTimes – desestima esta opción a las primeras de cambio. El presidente francés tiene, a priori, los días contados en el Elíseo, y su posible sustituto – tras elecciones – tampoco tiene pinta de mejorar lo presente: Sarkozy o Marine Le Pen.
 
Italia es el tercero en discordia, y quizá su primer ministro, Matteo Renzi, sí que esté capacitado para liderar una corriente anti-austeridad dentro de la Unión Europea, tal y como ha asegurado este mismo fin de semana en la Cumbre de Atenas. Renzi confía en una Europa diferente que vaya más allá de la “tecnocracia, las finanzas y la austeridad”. No obstante, Italia sigue siendo un país políticamente frágil, que busca a través de cambios constitucionales afirmarse dentro del escenario europeo.
 
Y así se llega a España, donde no hace falta recordar lo constantemente mencionado. El no gobierno.  
 
Por lo tanto, Europa se encuentra inmersa en un momento crucial sin nadie que posea una voz cantante. Eso tampoco significa que todos vaya al unísono al mismo ritmo y tono, pues mientras Grecia va al suyo, recibiendo cada día centenares de refugiados en un país económicamente destrozado, Hungría construye muros, Polonia viola derechos humanos, Alemania y Francia observan como la extrema derecha toma posiciones, y Reino Unido se va convencida, en medida considerable, por argumentos racistas y xenófobos.