Obama, a un paso de abrir la puerta de Cuba a Wall Street

Barack Obama, presidente de EEEUU
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La Casa Blanca se ha comprometido a retirar el nombre de la mayor de las Antillas de la lista sobre los países que financian el terrorismo. De modo que los bancos podrán operar en la isla sin temor a sufrir sanciones económicas. El pasado 19 de mayo el presidente de EEUU, Barack Obama, recibió una carta con 44 firmas. Entre todos los nombres que aparecían en la misiva destacaban tres: John Negroponte, ex director de la Inteligencia Nacional, James Stavridis, ex almirante del ejército estadounidense, y Andrés Fanjul, un magnate cubanoamericano con intereses en el sector azucarero. Pedían a la Casa Blanca el fin del bloqueo a la isla.

Una semana después de recibir Obama la misiva el presidente de la Cámara de Comercio estadounidense, Thomas Donohue, anunciaba el envío de una delegación comercial a Cuba que él mismo presidiría para examinar las oportunidades de negocio en la mayor de las Antillas.

Cuando esos hechos tuvieron lugar, Washington y La Habana llevaban ya casi un año negociando en secreto cómo normalizar unas relaciones bilaterales que llevaban congeladas desde 1961.

Y este miércoles, tras 18 meses de negociación secreta en Canadá, el propio Obama ha anunciado que el acuerdo está sellado: a partir de hoy la mayor de las Antillas y la primera potencia del mundo recuperan oficialmente el contacto diplomático. Aunque el embargo no puede levantarse sin el acuerdo del Congreso, el inquilino de la Casa Blanca sí ha adelantado algunos cambios inmediatos en las relaciones. Por ejemplo un incremento de la capacidad tanto exportadora como importadora (hasta ahora muy limitada en ambas direcciones) o la apertura tecnológica y la consiguiente entrada de las grandes telecos en el mercado cubano.

Sin embargo, quizás el mayor cambio de todos los que van a acontecer durante las próximas semanas se encuentre en un hecho en apariencia más simbólico que práctico: la retirada de Cuba de la lista que maneja el Departamento de Estado sobre los países que financian actividades terroristas, y en la que la mayor de las Antillas figura desde 1982.

La retirada de Cuba de este documento abre, en realidad, un mar de posibilidades para los grandes bancos estadounidenses y, por extensión, del mundo. En primer lugar, ya sí podrán llevar a cabo operaciones en la isla caribeña sin necesidad de tener que lidiar con sanciones económicas. En segundo lugar, estas operaciones bien podrían traducirse en masivas inyecciones de crédito o en emisiones de deuda privada para las empresas mixtas (que aún controladas por el estado cuentan con capital privado), consiguiendo que las entidades financieras de Wall Street ocupen a partir de ahora un lugar predominante en un territorio situado a tan sólo 90 millas de Florida y en el que cada vez más empresarios ponen su mirada.

El propio Andrés Fanjul, sin ir más lejos y junto con sus tres hermanos (Alfonso, Alexander y Pepe), repitió el pasado mes de noviembre a Obama que el bloqueo debía levantarse por el bien de “la familia cubana”. Los Fanjul controlan la mayor refinería de azúcar del mundo, con una producción de siete millones de toneladas al año, y sus intereses en Cuba son evidentes; el sector azucarero de la isla es codiciado y, por si quedara alguna duda, Alfonso Fanjul ha visitado en los últimos tiempos La Habana varias veces en viaje de negocios.

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