El paro también llega a los brokers

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El miedo a perder el empleo no sólo afecta a los funcionarios de base o a los dependientes de una tienda de ropa ubicada en cualquier centro comercial europeo. Tampoco a los agentes comerciales o a los contables de una pastelería (no está el horno para bollos hoy por hoy). Ese miedo también se extiende a los ‘malos’ de la película; a los brokers que operan con divisas y todo tipo de productos financieros. O a los analistas que elaboran informes sobre cómo y dónde invertir. En definitiva: a los empleados más sofisticados de los bancos que, según apuntan muchos, albergan una gran parte de la culpa en esta crisis.

La banca de inversión está de capa caída y el año que acaba de entrar se revela gris para el sector. Ese modelo de hacer negocios comprando y vendiendo deuda, canjeando euros por dólares o dólares por francos suizos, sumando o restando posiciones en productos derivados vinculados a los bonos de los países en dificultades, también se ha visto seriamente afectado por una coyuntura económica adversa de la que, en cualquier caso, ha intentado alimentarse.

El apetito por el riesgo, en muchos casos, ha caído. Y en otros, operaciones previamente cerradas se han vuelto en contra de las cuentas de las entidades (los bancos alemanes y franceses son los más expuestos, según el Banco Internacional de Pagos, a la deuda de los países periféricos, algunos de los cuales podrían no devolverla íntegra). También han caído las fusiones y las adquisiciones en mercados hasta ahora punteros como es Londres, por poner otro ejemplo. En general, el panorama es complicado.

Por ese motivo uno de los grandes bancos franceses, Société Générale, ya ha advertido a sus empleados en una nota interna que los próximos doce meses serán duros, muy duros. Según filtró anoche la agencia Reuters tras tener acceso a esta misiva, los ingresos de la entidad caerán «significativamente» en 2012 por culpa de su división de banca de inversión. El de Société no es un caso aislado, aunque los inversores hayan hecho caso omiso de la noticia a juzgar por la trayectoria del valor este martes. A pocos minutos del cierre las acciones del banco subían un 3,60%.

Los 18.900 empleados de la división de banca de inversión del Royal Bank of Scotland (RBS), una de las grandes entidades británicas, probablemente estén atravesando una de las peores semanas del año que acaba de comenzar. Porque este jueves será cuando el consejero delegado de la institución, Stephen Hester, anuncie cuántos de ellos deberán recoger sus cosas y marcharse por la puerta.

El Gobierno británico, que rescató en 2008 al banco (actualmente tiene un 83% de participación en él), exigió hace unas semanas a Hester que redujese el riesgo de sus operaciones en banca de inversión. Semejante advertencia se traducirá en despidos masivos. Los más optimistas apuntan a que serán 2.000 los trabajadores que reciban su carta de adiós. Los menos optimistas -entre los cuales se incluyen a ratos los propios directivos de la entidad- creen que esta cifra ascenderá hasta los 10.000 empleados.

El escenario no es más alentador al otro lado del Atlántico. Según ha informado la agencia Bloomberg, que cita a fuentes conocedoras de la situación, los grandes bancos estadounidenses se están planteando congelar los incentivos económicos de sus brokers más jóvenes por culpa de los bajos ingresos que han registrado también sus negocios de inversión a lo largo de 2011. Todo dependerá de quién decida dar el primer paso y de cuántos bancos siguen el ejemplo del pionero, pues existe el miedo de que si un banco congela sus bonus y los demás no lo hacen, las jóvenes promesas de dicha entidad cambien de chaqueta. No obstante, en la agencia de información financiera los expertos consultados apuntan a que la situación es insostenible, y que nombres de la talla de JP Morgan Chase o Goldman Sachs saldrán en masa a decir basta.

Uno de los paraísos financieros más tentadores, Suiza, tampoco escapa a esta tendencia. Credit Suisse, que es uno de los dos grandes bancos del país centroeuropeo, ya ha adelantado que sus analistas no dejarán de ver, hasta nueva orden, un aumento anual de su salario. Esta ha sido la práctica habitual hasta ahora. Tanto Credit Suisse como UBS han anunciado despidos en los últimos meses. Se calcula que en total superan las 5.000 personas.

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