Josef Ackermann, el ‘viejo zar’ del Deutsche Bank, aspira a presidir un banco chipriota

Josef Ackermann, exdirector ejecutivo del Deutsche Bank
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El banquero de origen suizo se postula como uno de los favoritos para ponerse al frente del Banco de Chipre, principal entidad de la isla mediterránea y que cuenta con una fuerte presencia en Rusia. Josef Ackermann fue hasta la primavera del 2012 el banquero más importante e influyente de Europa. Su puesto al frente del Deutsche Bank convirtió a este suizo en un habitual del Club Bilderberg y otras reuniones de altos vuelos. Ahora, el antiguo consejero delegado del banco más importante de Alemania quiere volver a codearse con su viejo entorno.

Han sido el magnate Wilbur Ross y el fondo Tyrus Capital, mayores accionistas del principal banco chipriota, el Banco de Chipre, quienes han anunciado que Ackermann es uno de los favoritos para ocupar la presidencia de la entidad tras la previsible ratificación por parte de la junta de accionistas de la institución, que se celebrará el mes que viene, y el visto bueno que otorgará, presumiblemente, el banco central del país mediterráneo.

Después de despedirse del Deutsche Bank, Ackermann recaló en la aseguradora suiza Zurich Insurance como presidente del grupo. Un lugar que tuvo que abandonar el año pasado después de que su director financiero, Pierre Wauthier, le mencionara en una nota que dejó antes de ahorcarse. El banquero suizo negó cualquier implicación directa en el suicidio de Wauthier. Poco después Ackermann también abandonó su puesto de consejero en Siemens y Royal Dutch Shell.

Si finalmente es nombrado presidente del Banco de Chipre, Ackermann se podría considerar oficialmente reintegrado en el mundo de las finanzas, al menos a escala europea. Si bien el tamaño del Banco de Chipre no se puede comparar al del Deutsche Bank –quien compite con los gigantes de Wall Street en el negocio de banca de inversión-, la entidad de la isla tiene una fuerte presencia en Rusia y también cuenta con oficinas en el Reino Unido y Rumanía.

Con una fuerte presencia en Grecia, la crisis de la zona del euro, que se cebó particularmente con la península mediterránea, obligó al Banco de Chipre a reducir drásticamente su presencia en ese país entre los años 2012 y 2013 con la venta de activos a bancos locales –como el Piraeus Bank– y el cierre de numerosas sucursales en ciudades como Atenas y Tesalónica.

También el ‘corralito’ ocurrido en la propia isla en 2013 puso en jaque la solvencia de sus arcas, utilizadas sobre todo por magnates rusos para beneficiarse del provechoso régimen fiscal practicado por Nicosia, al declarar la agencia de calificación Fitch Ratings que la entidad se encontraba en “quiebra limitada”.